El 25 de noviembre el Hermano Reginal Cruz, de los Javerianos habló sobre los carismas. Estos deben residir en el receptor para que pueda descubrir, aceptar, alimentar y eventualmente vivir y compartir ese carisma. Tiene que formar parte de la historia…por ello hay que estar atentos para no “sufrir” de amnesia histórica. Que tiene sus raíces en el presente, pero también es importante que tenga sus raíces en el pasado, en la memoria. Nuestra realidad presente debe estar iluminada-aclarada por el pasado, pues tiene que guiarnos en nuestro discernimiento de hoy. Como lo afirma el Papa Francisco, debemos pedir y preservar la gracia de la memoria y esto nos ayudará ciertamente a recordar y a restablecer nuestro lazo con la historia, con el carisma que el fundador trasmitió.

El Carisma se encuentra en nuestras manos, por ello debemos vivirlo y salvaguardarlo, profundizándolo constantemente. Nunca debería convertirse en una pieza de museo o como el agua en una botella; el Carisma debe fluir y no puede hacerlo sino a través de nosotros. Al final, somos nosotros sus responsables hoy. Si hacemos nuestra tarea a la ligera; si nuestra manera de vivir nuestro Carisma es sencillamente arbitraria o ambigua, no seremos los dignos gerentes de aquello que nos ha sido precisamente confiado y las consecuencias se harán sentir y podríamos llegar a perdernos. Lo peor es que tropezaremos con las tinieblas que hemos creado nosotros mismos. Pero recordemos que el Carisma es resultado del Espíritu. El Carisma del fundador debe ser visto como una expresión del Espíritu Santo.

La fidelidad al Carisma fundador y a su herencia espiritual, junto al deseo de vivir plenamente el evangelio que predicamos, es la historia a la cual tenemos que identificarnos; debe convertirse en el canto que cantamos, en la historia que es la nuestra. Que no nos resbale entre los dedos como la arena, por el contrario que nos estimule y nos de confianza en el futuro.

Nuestro compañero Stéphane Joulain nos ha introducido en la reflexión sobre el tema de la protección de menores y de personas adultas vulnerables. ¿Qué atención dar a las victimas de abusos si queremos poner en práctica a lo que el Papa nos invita a hacer en su carta “Vos estis lux mundi”? ¿Cómo el Provincial y su equipo deben situarse frente a un compañero acusado de tal crimen y cómo ayudarle a enfrentar esta situación tan delicada?

Traducción del artículo del P. Francis Barnes

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