

Un balance de la COP26 desde el punto de vista de la economía de rosquilla marcado por la prudencia, el progreso, el pragmatismo y la proactividad.
Una vez finalizada la cumbre del clima COP26 celebrada en Glasgow llega el momento de hacer balance. El objetivo de este artículo es ofrecer un análisis de la cumbre desde la perspectiva de la economía de rosquilla. Este marco conceptual se basa en cuatro ejes fundamentales: los límites ecológicos, las bases sociales, una economía redistributiva y una economía regenerativa. Utilizando este esquema podemos reflexionar sobre las principales conclusiones de la cumbre, los acuerdos alcanzados y los puntos que siguen pendientes.
Si algo nos ha enseñado la ciencia durante las últimas décadas es que nos encaminamos hacia el abismo. Quizá el primer estudio con repercusión global fue el texto Los límites del crecimiento. En esta obra se planteaban diferentes escenarios futuros que dependían de la reacción de la sociedad.
Una de las principales conclusiones de este trabajo es que prácticamente no existe una buena opción. La humanidad tiene que trabajar para lograr el escenario menos dañino para el medio ambiente y la sociedad. Dicho con otras palabras, llevamos décadas intentando conseguir que la opción menos mala sea una realidad.
Contamos con una gran cantidad de evidencia científica sobre la contribución humana al calentamiento global y el cambio climático. Sin embargo, hay muchos aspectos que todavía desconocemos. Ante este escenario de incertidumbre, debemos extremar la prudencia. Si no sabemos si podremos resolver el problema, por lo menos tratemos de no agravarlo. En este contexto, el principal objetivo de la cumbre era mantener vivo el compromiso de limitar el calentamiento global medio por debajo de los 1,5 ℃.