
Sumergidos en una experiencia de novedad interior
Lecturas bíblicas de la Ascensión del Señor (A)
Para Mateo, esta escena tiene lugar en la Galilea, una encrucijada de naciones donde se hizo por primera vez la llamada a la conversión y la proclamación del Reino (4:12-17). En este contexto la conversión no es una invitación a cambiar de religión, sino a la « metanoia » (una transformación interior radical que establece nuevas prioridades). Este cambio de prioridades está intrínsecamente ligado al Reino de Dios. Toda metanoia impulsa el Reino; y si el Reino está entre vosotros (Lc 17:21), es porque se ha producido ese cambio radical y profundo.
Para Mateo, el regreso a Galilea está vinculado a la fe que los discípulos depositaron en las palabras de Jesús: «Después de resucitar de entre los muertos, iré delante de vosotros a Galilea» (26:32). Al abandonar la ciudad mientras se extendían los falsos rumores de los soldados (28:11-15), las autoridades religiosas continuaron ignorando la novedad de Jesús, tal como lo habían hecho en el episodio de los Magos (Mt 2): Jerusalén ya no es la ciudad santa, el lugar de la Presencia.
La montaña del Evangelio de Mateo evoca otras dos montañas:
1- El Monte de las Tentaciones : el diablo (literalmente, «Separador») afirmó que podía otorgarle a Jesús toda la autoridad y todas las naciones si se postraba ante él. Aquí los discípulos se postran ante Jesús pues «toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra» (v. 18). Jesús resucitado recibió todo de su Padre; no dudó de su condición de Hijo que «reveló» a su Padre.
2- El Monte de las Bienaventuranzas : La multitud de quienes seguían y escuchaban a Jesús prefigura a los discípulos de todas las naciones de la tierra. El nuevo Israel está en marcha: con la Ascensión, toda la tierra es santificada, todas las razas son amadas por Dios.
A los futuros discípulos se les invita a sumergirse en la experiencia espiritual de Jesús; esta inmersión (literalmente « bautismo » en griego), este descenso a las profundidades del plan de Dios (segunda lectura), transformará radicalmente su relación con Dios y con los demás, de tal manera que para algunos ya no será posible dentro del marco de su religión; para otros, como los Once, sin abandonar la fe de sus antepasados, el Espíritu Santo les abre nuevos caminos (primera lectura). Esta inmersión en la experiencia trinitaria de un Dios de amor y diálogo es lo que hace única nuestra fe. Aprender a guardar todo lo que Jesús prescribió (v. 20), no se trata de prácticas rituales sino de adquirir una nueva mentalidad, radicalmente libre y en intimidad con Dios: « Para que nuestra vida ya no sea nuestra, sino de aquel que murió y resucitó por nosotros, quien envió de entre vosotros, como primicia para los creyentes, al Espíritu que continúa su obra en el mundo y completa toda santificación » (Plegaria Eucaristica N° 4).
José María CANTAL pb en Argelia