NAIROBI – Hasta hace unos años, el agricultor keniano Richard Mbaria solía cosechar solo cuatro toneladas anuales de papas en su terreno de unas cuatro hectáreas, debido a la mala calidad de las semillas que sembraba, combinado con el ataque al cultivo de plagas y enfermedades.
Este agricultor de mediana edad seleccionaba las semillas de su cosecha anterior, recogiendo los tubérculos más pequeños que no podían alcanzar buenos precios en el mercado.
Esta era la práctica que realizaban todos los pequeños agricultores de su aldea de Kapsita, en Elburgon, en el condado de Nakuru, en la parte keniana del Gran Valle del Rift, que se extiende por África oriental.
La razón es que muchos agricultores locales rara vez pueden permitirse comprar semillas certificadas, y los que pueden hacerlo no son conscientes de la importancia de utilizar semillas validadas.
“Eso sucedía antes y también ahora, pero actualmente obtengo una media de casi ocho toneladas del producto en un acre de tierra (4,046 hectáreas) y quiero mejorar las cosechas a 10 o 12 toneladas en el mismo terreno en un futuro próximo”, dice Mbaria a IPS con orgullo.
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Semillas in vitro
El cultivo de tejidos, también conocido como cultivo in vitro, consiste en producir tejidos u órganos vegetales en una solución nutritiva especialmente formulada en un laboratorio o en un entorno controlado, utilizando principalmente brotes u hojas similares a tejidos, que se cultivan en un medio con nutrientes y productos químicos que eliminan enfermedades.
De este modo, se regenera una planta entera a partir de un solo tejido.






