En los orígenes de los límites territoriales de España existía una zona borrosa que era el norte de África. En la Reconquista, los reyes cristianos estiman que su lucha no debía terminar en el estrecho de Gibraltar, sino continuar en lo que fue romano y godo, la Mauritania Tingitana. Porque antes del 711, la franja norte del actual Marruecos, como la península, era un territorio con población hispano-romana y bárbara y algunas tribus bereberes, donde se hablaba el latín africano. Con unas vinculaciones políticas cambiantes y poco claras. Castellanos y aragoneses no deseaban llevar a África las luchas civiles y Sancho IV y Jaime II decidieron en 1291, en el convenio de Soria o Monteagudo, que el río Muluya fuera el límite de la futura expansión africana de Aragón al este y Castilla al oeste.
El Rey aragonés Pedro III tenía un buen sentido de la diplomacia, ejemplo de ello fueron las embajadas enviadas a Fez y Tremecén en 1276 buscando buenas relaciones para que los musulmanes norteafricanos no ayudaran a los moriscos valencianos. Los intereses de este Rey en Sicilia, le llevaron a cambiar de atención preferente e interesarse por lo que sucedía en Túnez (Ifriqiya). En 1279 mandó una embajada capitaneada por Conrado Lanza que quiso someter el reino y cobrar tributos del sultán. Su intención oculta era tener una base para preparar la anexión de Sicilia.
El almirante Lanza recorrió las costas tunecinas, obtuvo importantes victorias pero no consiguió el sometimiento del sultán. Pedro III anunció una expedición contra Túnez, pero la negativa del Papa Martín IV en 1281 a darle una bula de cruzada le hizo desistir, por el momento, de la idea. Los acontecimientos sicilianos acabaron definitivamente con el proyecto. La revolución interna en Sicilia fue favorable para el aragonés, a quien ofrecieron la corona del reino. El 30 de agosto desembarcó en Trapani, para ir a Palermo a coronarse. Roger de Lauria, el almirante de su flota, consiguió en julio de 1283 la ocupación de las islas de Malta y Djerba frente a la costa tunecina. Con esto, obtuvo finalmente el derecho a cobrar un tributo y la mitad de la contribución sobre el vino, a tener un alcalde en la capital para los cristianos y cónsules en Bugía y Túnez.