LA AMISTAD EN COMUNIDAD
CARMEN HERRERO MARTÍNEZ, Fraternidad Monástica de Jerusalén, soeurcarmen@gmail.com
ESTRASBURGO (FRANCIA).

ECLESALIA, 13/11/20.- “La amistad con Dios y la amistad con los demás son la misma cosa. No podemos separar la una de la otra” (Santa Teresa de Jesús). Al escribir esta reflexión sobre “la amistad en comunidad”, ante todo, me refiero a las comunidades femeninas, dado que la mujer tiene otro concepto y otra forma de vivir la amistad que el hombre. Ciertamente, la amistad en la comunidad masculina es tan necesaria como en la comunidad femenina, sin embargo, se expresa de diferente manera. He optado por utilizar el género masculino “amigo” porque me resulta mucho más amplio que referirme únicamente a “amiga”.

“Un amigo fiel es un refugio seguro, y quien lo encuentra ha encontrado un tesoro. Un amigo fiel no tiene precio y su valor es incalculable” (Eclo 6, 14-15). Ciertamente que tener amigos es tener un tesoro. Jesús, a los suyos los llamó amigos. “Yo os llamo amigos” (Jn 15,15). La amistad es un don de Dios, cierto, pero un don no para esconderlo en la tierra, por miedo, como hizo el de los talentos del evangelio (Lc25,25); sino para avivar el ingenio y hacerlo germinar y fructificar. La amistad se cultiva, la amistad requiere cuidados esmerados si realmente queremos que haya una continuidad. La lealtad y la fidelidad, unidos al mutuo desvelo y entrega, son el “precio” del tesoro de la amistad.

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