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Agadez, la puerta del desierto

Autor: Juanjo Osés.

Cuando se busca en Google Mapas la palabra Agadez (Níger) aparece en el mapa de África un punto perdido en una inmensidad de terreno en blanco.

Ese punto perdido es Agadez, la puerta del desierto, lugar de partida y llegada del gran desierto del Sahara, ciudad donde las caravanas comerciales preparaban el avituallamiento necesario para atravesarlo. La sal, el oro, los esclavos y el marfil fueron los productos más demandados con origen en África Occidental: una vez llegados a las costas del Mediterráneo se vendían y se intercambiaban por productos manufacturados y cereales que emprendían el camino de vuelta al sur del Sáhara.

En ese punto perdido del mapa de África, la ciudad de Agadez, viven hoy cientos de migrantes subsaharianos, unos con sueños rotos para siempre y otros con sueños, todavía por realizar, de una vida mejor y diferente.

La socióloga Sumana Adamu define Agadez como “una importante encrucijada comercial de caravaneros, un punto de unión entre el África negra y el Magreb, donde la hospitalidad es un valor esencial entre la población local. El nombre le viene de la palabra “egdez”, que en tamasheq, la lengua de la comunidad tuareg que fundó la ciudad, significa “hacer una visita”. Esto explicaría la eclosión de la diversidad étnica en esta ciudad, donde viven etnias como el hausa, la árabe, la kanuri, la songhai y la peul en perfecta simbiosis”.

Agadez ha sido en la historia la puerta principal del Sáhara, la ciudad de las caravanas hacia Libia y África del Norte y, si posible, a Europa. Hace unos pocos años, antes de la crisis que vive hoy la ciudad, cada lunes, varias decenas de vehículos se ponían en marcha hacia el desierto para transportar mercancías, ganado y pasajeros, procedentes sobre todo de Africa Occidental, con la esperanza de llegar a Libia e, “In cha’Allah” (si Dios quiere), a Europa. Además, en los años 80, Agadez era el foco de turismo exótico con vuelos chárter diarios, provocado por el Rally Paris-Dakar, con parada importante en esta ciudad nigerina. “Agadez recibía a miles de turistas que llegaban de Europa y de América para descubrir el desierto del Teneré, las dunas de Bilma y las montañas de Air” (Le Monde Diplomatique).

 Pero la llegada reciente del yihadismo islámico a los países del Sahel ha cambiado totalmente la situación de Agadez y, en palabras de un viejo artesano local, “ya no viene nadie a vernos ni a comprar nuestros productos”. Pero Agadez tiene un pasado y una historia que queremos recordar esperando tiempos mejores para su población.

Agadez es una comuna urbana de Níger situada en el centro del país. En 2012 tenía una población de 118,240 habitantes. En 2013, la Unesco declaró al centro histórico, levantado con ladrillos de adobe durante el sultanato tuareg de Air, Patrimonio de la Humanidad.

En total, la ciudad se divide en once barrios que se extienden en 70 hectáreas. Destaca la Gran mezquita y su alminar de tierra que parece desafiar al cielo, (es el minarete más icónico del Sahel que inspiró todo un nuevo género arquitectónico llamado “sudanés”), el Palacio del sultán, la Casa de Sidi Kâ, también llamada la Casa del Panadero y la casa del erudito explorador y lingüista alemán Henri Barth (1821-1865), que residió en la ciudad en 1850.

 La Gran Mezquita es la carta de visita de Agadez pues es, sin duda, uno de los monumentos más representativos de África del estilo “sudanés” con su minarete de 27 metros de altura. A partir de la construcción en barro en niveles con vigas de madera cruzadas y visibles desde el exterior, innumerables mezquitas e inmuebles seculares tomaron este patrón, desarrollándolo a su manera. Ejemplos más notables son las mezquitas de Tombuctú (Malí), Djenné (Malí), Bobo Dioulasso (Burkina Faso) o Larabanga (Ghana).

Visitar y pasearse por la ciudad es una experiencia que difícilmente se olvida. Así la describe un periodista africanista: “Caminar por Agadez supone una experiencia extraordinaria; la cegadora luz blanca del desierto y el omnipresente polvo contrastan con la arquitectura tradicional en tierra tan característica de esta franja del Sahel. Sus calles y construcciones color rojizo nos evocan un periodo histórico parado en el tiempo que se encuentra en vías de extinción. Debido a la sequedad ambiental, el viento y la escasez de las lluvias en la región, los muros de las edificaciones suelen ser reconstruidos periódicamente”. (Javier Mantecón)

La historia de Agadez remonta muy lejos en el tiempo ya que, según la tradición, fue fundada en el siglo XI por los sanhaya o zeneguíes y en siglo XIV se convirtió en la ciudad más importante de los Tuareg, creciendo gracias al transporte y al comercio transahariano. Su economía se basaba entonces en la sal de Bilma, que traían las caravanas. Los libros nos dicen que hacia el año 1500 Agadez tenía una población de alrededor de 30.000 personas y ya era el paso principal para las caravanas medievales que comerciaban entre las ciudades africanas de Kano en Nigeria y de Tombuctú en Mali, y los oasis del norte y la costa mediterránea.

En el aspecto cultural, merecen ser mencionados los artesanos de ayer y de hoy, reconocidos en todo el Sahel por su pericia y arte en el trabajo del cuero, de la plata y demás metales. La hermosa Cruz de Agadez es un ejemplo de ello. También su riqueza musical. “Basada en la tradición oral, la escena de Agadez se centra específicamente en danza, poesía y narrativa oral y música. Estas tres tradiciones ancestrales poseen unas ricas tipologías que varían en cada una de las zonas de la región de Agadez, en muchos casos aisladas entre ellas y separadas por kilómetros de polvo y arena” (Afribuku. Cultura Africana Contemporánea, 2019).

Agadez vive hoy en un letargo vital debido a la situación de inestabilidad provocada por las revueltas tuaregs nigerinas (2007-2009), por la guerra en el norte de Malí, el polvorín que supone la violencia de Boko Haram en el norte de Nigeria y la llegada del yihadismo al Sahel.

Pero Agadez sigue siendo una ciudad única en la que el peso de los siglos se siente en cada calle y en ella se huele la historia.

P.D. Al acabar esta crónica debemos señalar el drama inhumano de los miles de emigrantes africanos que malviven en Agadez en guetos clandestinos. Ellos la llaman ahora “la puerta del infierno”. Una responsable local de Médicos sin Fronteras los divide en tres grupos: migrantes en tránsito, deportados y errantes, cada grupo con su situación trágica particular. “Son hombres y mujeres violados, explotados sexualmente y maltratados. Eso es lo que se encuentran los profesionales de Médicos Sin Fronteras (MSF) que atienden a los migrantes, los que vuelven a sus países al sur del Sáhara y los que aún tratan de llegar a Europa, en Agadez (Níger). Muchos son, después de haber sufrido los peores horrores, expulsados a este país desde Libia y Argelia. Solo en el primer trimestre de 2022, 8.200 han sido deportados aquí desde Argelia, según datos de la organización Alarme Phone Sahara” (EL PAIS).

Le Monde Diplomatique (Junio de 2019) resume la situación con estas palabras: “No se ha acabado con las migraciones en Agadez, la puerta del desierto. Por un curioso efecto de péndulo, la ciudad, antaño eje central de los flujos que iban del sur al norte, está convirtiéndose en el principal lugar de transito de aquellos que efectúan el viaje en sentido contrario”.

fuente: JUNIO 2023 – Nº217. Boletín de los Misioneros de África (Padres Blancos) y Hnas. Misioneras de Ntra. Sra. de África (Hermanas Blancas)


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