

De todos los ritos que el hombre ha practicado a lo largo de la historia, seguramente, los funerarios han sido los primeros. Sófocles pone estas palabras en boca de Antígona: “Para más tiempo me trae cuenta el agrado de los muertos que el de los vivos, pues con ellos eternamente he de reposar”. Y añade dirigiéndose a su hermana: “Tú, si así te parece mejor, sigue desestimando leyes que los dioses tanto estiman”, enterrar a los muertos.
Hoy como en tiempos de la Ilíada, se hace lo posible y lo imposible por recuperar el cadáver de un pescador desaparecido en un punto incierto de alta mar, de un montañero aplastado por un alud de nieve no se sabe en qué montaña, el del conductor de un coche arrastrado por una creciente que llegó como el lobo al rebaño, el cadáver de un minero enterrado en las entrañas de la tierra y él de los pasajeros de un avión que estalló en el aire desparramados en la selva inaccesible.
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