Para que las vacunas contra el COVID-19 funcionen, es necesario disminuir la transmisión
12 febrero, 2021
Domingo 6º del Tiempo Ordinario – ciclo ‘B’ –
12 febrero, 2021
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“Se acercó a Jesús”: 6º domingo B   —   14 febrero 2021

Levítico 13, 1-2.45-46  —   1 Corintios 10, 31 – 11, 1   —   Marcos 1, 40-45

“Mientras dure la lepra, seguirá impuro: vivirá sólo y tendrá su morada fuera del campamento” (1a lectura, sobre los leprosos). He leído en una enciclopedia “los bacilos [de la lepra] son emitidos en grandes cantidades a través de la nariz, la boca, las vías respiratorias superiores… “. Me ha hecho pensar, naturalmente, en la pandemia de la que estamos sufriendo estos días. Algunas leyes religiosas del Antiguo Testamento (y de otras tradiciones religiosas) eran destinadas a salvaguardar la salud física y la paz social. Pero a menudo eran los enfermos los que las sufrían: “Andará harapiento y despeinado… y gritando: ”¡Impuro! ¡Impuro!”. 

Todavía hoy los pacientes con SIDA siguen siendo estigmatizados en algunos ambientes por miedo a la enfermedad. Durante la primera oleada de Covid-19, cuando no sabíamos mucho sobre la transmisión del virus, conocí en Pamplona a un grupo de migrantes africanos que se alojaban juntos en el mismo pequeño apartamento y que, a pesar de que sus alimentos escaseaban, prohibieron salir, –o volver a casa si alguien se había atrevido a salir–, por miedo al contagio. En la época de Jesús la vivencia religiosa asumía y resumía los diferentes aspectos de la vida cotidiana. Y por eso, el enfermo era «impuro», y el leproso tenía que separarse para no hacer impuro a quienes se le acercaban. Según el evangelio de Marcos, un leproso se acercó a Jesús, desobedeciendo así la Ley, y, aún más grave, Jesús lo tocó antes de sanarlo, haciéndose a su vez impuro.

Texto completo:  6ºDomingoOrdinarioB-Echeverría


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Manolo Fernández