
«Una tradición viva se mantiene y progresa gracias a los conflictos»
| Julio L. Martínez, en ‘La Civiltà Cattolica’
Otros nudos vienen de situaciones muy distorsionadas de la experiencia humana en una posmodernidad tecnológica que tiende a diluir al sujeto personal y romper sus vínculos, subvirtiendo con frecuencia la relación entre medios y fines. Nuestros tiempos «líquidos» generan abundantes distorsiones en el sujeto humano en temas clásicos de la moral sexual y la bioética, a los cuales se han ido sumando otros problemas.
Uno de los grandes nudos que amenaza con hacerse cada vez más difícil es el de la disolución antropológica manifestada en las «promesas» que vienen de la mano del transhumanismo o los impresionantes progresos de las neurociencias con todo lo que pueden llegar a hacer en la mente humana y la conducta, así como la alteración de la identidad humana y la radical ambigüedad sobre la corporalidad y la dificultad para que, a través del cuerpo, se haga presente el ser humano (mujer y varón) en el cuerpo. Asistimos al debilitamiento programado de la vinculación en su dimensión personal (corporal-espiritual), relacional-afectiva (deseo-amor) y público-institucional (justicia-solidaridad-paz)[2]. Es como un «nuevo nihilismo» que «universaliza todo anulando y desmereciendo particularidades o afirmándolas con tal violencia que logran su destrucción»[3], y va más lejos que el relativismo clásico, porque difumina la materia misma sobre la que reflexionar, despreciando la experiencia inmediata y la conciencia de la realidad, tanto natural como social.
[1] Hemos intentado dar una humilde contribución a la renovación de la teología moral en el libro Teología moral en salida: deshacer nudos y afrontar retos, Santander, Sal Terrae, 2023. ↑
[2] Cfr. Conferencia Episcopal Española, El Dios fiel mantiene su alianza (Dt 7,9), Madrid, Edice, 2023, 19. ↑
[3] J. M. Bergoglio, «Educar para la cultura del encuentro», en id., Papa Francisco y la familia, Madrid, Romana, 2015, 64. ↑
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