

Tras la multitudinaria misa de esta mañana, el Papa Francisco quiso dedicar gran parte de su segundo día en la RDC, a las víctimas y a los testigos y actores de la misericordia. Y como el Papa continúa con la capa de profeta puesta, quiso dejar claras a los representantes de algunas obras caritativas que tienen que ser ejemplares, tener amplitud de miras y trabajar en red.
En la Nunciatura, la casa del Papa que Francisco quiere que sea la casa de la caridad (aquí y en todo el mundo), se escuchan los testimonios de los agentes y voluntarios de la pastoral caritativa de la Iglesia. Ungüento en las graves heridas de los congoleños. Como un joven que contrajo la lepra y se sintió rechazado por su propia familia. Todavía hoy se siente rechazado y humillado. “Cuando paso por un sitio, la gente rápidamente lo limpia todo y me mira con miedo”.
El siguiente testimonio es de Cecilia de Córdoba (Argentina) y está con los niños de un colegio Fasta que fundó con su marido en el Congo. Un colegio abierto a todos. A continuación interviene un representante de un centro de la comunidad de San Egidio, en las periferias de la ciudad, para acoger y curar a los enfermos. Y, después, interviene un grupo musical de jóvenes sordomudos y ciegos. Y piden el sueño de una sociedad.
El Papa volvió a recordar que «hay que buscar y amar al Señor en los pobres y, como cristianos, tenemos que estar atentos si nos alejamos de ellos». Y eso es lo que hacen los agentes y voluntarios de las actividades socio-sanitarias de la Iglesia: «Ustedes son el bosque que crece todos los días en silencio y hace que la calidad del aire mejore», porque «la promoción contra la explotación, este es el bosque que crece mientras que la deforestación del descarte hace estragos violentamente».