

Una riada de gente. Hombres, mujeres, niños… Más de un millón, según las autoridades (algunas fuentes hablan de casi dos millones de fieles), se dieron cita en el aeropuerto de Ndolo para la que, seguramente, sea la misa más multitudinaria de este pontificado. El segundo día del Papa Francisco en Congo arrancó con un nuevo baño de multitudes. Porque nadie discute la figura de este Papa que, en su primera homilía en este difícil viaje a África vinculó la fe con la unidad, la paz con el Evnagelio: «No hay cristianismo sin comunidad, no hay paz sin fraternidad».
Decenas de miles de jóvenes rezaron durante toda la noche en el recinto, en una vigilia de oración con tintes festivos. Y es que estuvieron cantando durante horas. Cada vez más, mientras pasaban unos exhaustivos controles de seguridad que buscan impedir un atentado que, a todas luces, sería una masacre. Esta mañana, todo fueron cantos, alegría, escucha, y un claro llamamiento a la paz y la justicia en un país que ha sufrido, y sufre, guerras intestinas desde hace décadas.