

18 octubre 2022
Cuando un trabajador humanitario muere en el eco se redobla. No es porque su vida sea más importante que la de cualquier civil, pero sí por el altavoz que lleva y el mensaje que significa: no hay reglas, nadie está a salvo. El sábado, el Comité Internacional de Rescate confirmó la muerte de uno de sus empleados en la ciudad de Shire, en Etiopía. Allí estaba dando alimentos a una región donde ya desde principios de año una de cada ocho personas no sabía si tendría comida al despertar.
No son los únicos trabajadores humanitarios en perder la vida trabajando en la guerra de Tigray. En junio de 2021, la española María Hernández de Médicos Sin Fronteras fue asesinada junto a sus compañeros etíopes Yohannes Reda y Tedros Gebremichael tras un ataque. Con este último ataque, cerca de una treintena de trabajadores humanitarios han muerto en Tigray desde que comenzara el conflicto en noviembre de 2020.
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