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¡Feliz Navidad!

Felicitación de Navidad de José Ramón Echeverría:

Queridos amigos,

Este año Nochebuena cae en domingo. Y mis “pensamientos domingo” van a los pastores de Belén, con un texto que he tomado de la página web de la revista católica inglesa “The Tablet”.

Ramón Echeverría Mancho

 

¿Por qué fueron los pastores los primeros en oír las buena nueva?

The Tablet, John Wijngaards, 12 de diciembre 2023

Jesús vino precisamente para «liberar a los oprimidos» (Lc 4,18).

 

En el narrativo de la infancia de Lucas, los pastores juegan un papel clave. Son invitados por un ángel a venir a visitar a Cristo, recién nacido y acostado en un pesebre. Pero, ¿por qué Lucas se tomó tanto trabajo en relatar la presencia de los pastores durante la noche de Navidad? ¿Por qué recalcó que los pastores fueron las primeras personas en oír la buena noticia y ver al niño Jesús? ¿Por qué los pastores? ¿Por qué no agricultores, soldados, pescadores u otros habitantes de las aldeas?

En tiempos de Jesús, se creía que los pastores tenían la profesión más baja posible en la sociedad. Rabí Iosef, hijo de Cheninah, escribió: «En todo el mundo no hay ocupación más despreciable que el trabajo de pastor, porque toda su vida anda con un palo y una bolsa». Rabí Gorión de Sidón declaró: «Ningún padre puede permitir que su hijo se haga en pastor». Los escribas y fariseos despreciaban a la gente común. No querían ser vistos en compañía de camelleros, marineros o mercaderes ambulantes. Pero tenían un desprecio especial para los pastores, que consideraban poco fiables y deshonestos. Un escriba escribió: «Los pastores tienen el mismo rango que los recaudadores de impuestos«. Otro dijo: «A los pastores no se les puede comprar lana, leche o cabrito porque no se sabe si lo han robado«. Los pastores eran buenos sólo para cuidar animales, y mantenerlos lejos en los campos. A efectos prácticos, no se les consideraba humanos.

Pero Jesús había venido precisamente para «liberar a los oprimidos» (Lc 4,18). Su mensaje se dirigía a los que más necesitaban la redención: «Bienaventurados los pobres, los hambrientos, los que lloran» (Lc 6, 20-21). Jesús fue el salvador de todos los hombres, y sobre todo de los abandonados y oprimidos (Lc 8,31). Por eso, no fueron los ricos y acomodados, ni los escribas, ni los sacerdotes, ni los ciudadanos respetables de Belén, sino los marginados sociales los que fueron invitados a acoger al Niño.

Los nuevos y revolucionarios valores del evangelio nos impresionan aún más si sabemos que en los tribunales judíos no se permitía a los pastores testificar. El Targum Sanedrín declara: «Los ladrones, los asesinos y los pastores, es decir, todos aquellos en quienes no se puede confiar, no pueden ser llamados como testigos. Su testimonio es siempre inválido«. Nadie estaba dispuesto a creer lo que un pastor decía que había visto.

Dios confía en aquellos en quienes no confiamos. La presencia de Dios entre nosotros no es una experiencia reservada a los escribas, fariseos y otras personas llamadas piadosas. «Todos los hombres verán la salvación de Dios» (Lc 3,6). Y por eso que los pastores fueron llamados a ver lo que Dios había hecho en Jesús. “Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y nos ha comunicado el Señor” (Lc 2,15).

Los pastores anticiparon la experiencia cristiana de que Dios se revela a cada persona, ya sea anciano o joven, hombre o mujer, esclavo u hombre libre (Hechos 2, 17-18). Jesús oraría así: «Oh Padre, te doy gracias porque has mostrado a los ignorantes lo que has ocultado a los sabios» (Lc 10,21). Y a sus discípulos les dijo: “¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron” (Lc 10,23-24).

Había otro motivo por el que era apropiado que los pastores representaran a la humanidad en la noche de Navidad. Jesús mismo era el buen pastor que iba a dar la vida por sus ovejas (Jn 10,11). El trabajo de un pastor, considerado tan vulgar y bajo por los contemporáneos de Jesús, iba a ser el modelo de la misión de Jesús. Otros habían observado sólo las ropas andrajosas y los modales toscos de los pastores. Jesús había observado su amor y su sincero cuidado por sus ovejas.

Le había conmovido la alegría y la felicidad de un pastor que encuentra una oveja perdida y la lleva a casa sobre sus hombros (Lc 15,5-6). En este amor de pobre pastor encontró el mejor ejemplo para expresar el afecto de su Padre por los pecadores (Lc 15,7) y su propia disponibilidad para servirlos (Jn 10,14-15).

Es por eso que Jesús no nació como rey, sino como pastor. Como el bebé de un pastor, no nació en una casa ordinaria, sino en un establo. Su cama no era la cuna de los ricos, sino un pesebre, un abrevadero de forraje utilizado por los pastores para acostar a sus bebés.

Jesús no nació Jesús como un emperador con los signos del poder futuro, sino como un vulgar pastor, con el signo de la pobreza. “Esto os servirá de señal: encontraréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,12).

El salmo 23 del Antiguo Testamento, «El Señor es mi pastor» transmite un profundo misterio (Sal 23,1). Misterio aún más profundo es el de la humildad y pobreza de quien yace en un pesebre y es reconocido como Salvador por los pastores.


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