

Publicado: 6 julio 2022 20:12 CEST
“Vamos pa’ la playa, pa’ curarte el alma, cierra la pantalla, abre la medalla (…), y aprovecha que el sol está caliente y vamos a disfruta’ el ambiente”.
Probablemente este fragmento de canción le haya trasladado a algún enclave veraniego. Si le añadimos imágenes, nos encontramos con su vídeo musical mostrándonos un estilo de vida caribeño donde la diversión y las interacciones sociales se superponen a otros quehaceres vitales.
De hecho, la música y la imagen tienen el poder de hacer aflorar nuestras emociones y trasportarnos a lugares soñados en cualquier momento y lugar.
La omnipresencia de las pantallas hoy en día es evidente. No es de extrañar, ya que el sentido visual se procesa antes y contiene más información que el resto.
Ahora bien, ¿nos podría ayudar el medio audiovisual a formar a ciudadanos críticos? Las altas instancias europeas nos ofrecen una guía completa para la educación cívica. Además, un reciente estudio nos confirma que es posible reflexionar sobre las imágenes incluso aprendiendo idiomas.
Los jóvenes actuales son diferentes a los de generaciones anteriores en diversos aspectos: les gusta leer en las pantallas; juegan a videojuegos en la red; participan en comunidades en línea desde temprana edad o dedican una gran parte de su tiempo a las redes sociales.
Sin embargo, el pertenecer a dicha generación de nativos digitales no implica que sepan utilizar las tecnologías para aprender. Por ello, es necesario formar a los estudiantes en habilidades digitales.
(…)
En esta época donde parece que solo puede haber amigos o enemigos (nada intermedio) y en la que los elementos emocionales inundan los contenidos mediáticos que consumimos, resulta imprescindible una pedagogía de la mirada.
Los medios articulan mensajes colonizando nuestro inconsciente. Sigamos, pues, soñando y viajando con las imágenes, pero siendo conscientes de lo que pueden llegar a esconder.