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EL LIRIO Y EL PÁJARO

EL LIRIO Y EL PÁJARO
GABRIEL Mª OTALORA, gabriel.otalora@outlook.com
BILBAO (VIZCAYA).

 

ECLESALIA, 22/04/24.- La humildad lo es todo. Sin embargo, tiene poco prestigio mientras que socialmente tiende a desaparecer de la cultura que nos rodea, proclive al individualismo; sus consecuencias no pueden ser peores: egoísmo, subjetivismo y narcisismo. No es la mejor tarjeta de visita para una sana convivencia, tal y como atestigua el volumen de trabajo de los psicólogos y los psiquiatras. Jesús de Nazaret no hablaba por hablar.

Ser humilde no significa ser simple o inseguro. Todo lo contrario, una persona que posea una adecuada autoestima es la que puede desarrollar mejor los valores de la humildad. Desde luego que no es virtud de necios.

Si nos centramos en el Evangelio, no se puede ser cristiano verdadero sin vivir seriamente la humildad; porque imita a Cristo: “El que sea el mayor entre vosotros que se haga como el menor, y el que manda que sea como el que sirve” (Marcos 10,43). “Si no os hacéis como niños, no podréis entrar en el reino de los cielos” (Mateo 23,12; 18,3). Miradme a mí, “que no he venido a ser servido, sino a servir” (Marcos 10,45).

Venid a mí, que soy manso y humilde de corazón… Dios se ha hecho pequeño, para que podamos ser grandes, con grandeza verdadera: la humildad de corazón. Esta humildad de Dios se nos hace presente de una manera radical, en el misterio de la Encarnación para integrarse por amor en nuestra historia, y compartir así plenamente lo que somos y lo que tenemos, incluyendo las limitaciones propias de nuestra condición menos en el pecado.

El filósofo Soren Kierkegaard elige otro pasaje del Evangelio para recrear una fábula en torno al pasaje de los lirios del campo y de las aves del cielo (Mateo, Lucas y el apócrifo Tomás), advirtiendo de los riesgos de la falta de humildad. Lo sencillo, que no simple, es sabio:

Había una vez un lirio que crecía sano en un lugar apartado, junto a un arroyo. Era una flor que vivía despreocupada y alegre. El tiempo pasaba felizmente hasta que un día se le acercó un pajarillo; habló con el lirio y le cantó alguna cancioncilla. El pájaro volvió al día siguiente, y al otro,,, Después de una semana, de pronto se ausentó unos cuantos días, hasta que al fin otra vez regresó diariamente. Esto le pareció al lirio extraño; pero sobre todo suele ocurrir lo que le pasó al lirio: a medida que se alternaban sus visitas con sus ausencias le echaba más en falta por el cariño que le iba cogiendo al pájaro…

Artículo completo: EL LIRIO Y EL PÁJARO


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