Ecos de Galapagar 2022: Testimonios
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Ecos de Galapagar: Testimonios

Seguimos con el segundo Testimonio de nuestro compañero Julio Feliu.

 

GALAPAGAR: Testimonio de nuestro compañero Julio Feliu

 

He pasado 53 años de mi vida en África. Una vida interesante, dinámica y satisfactoria.

Cuando terminé el Bachiller, quise entrar en la Academia Militar para seguir la tradición familiar: mi padre, mi tío y mi hermano ya eran militares. Pero entré en el Seminario de Comillas, donde estuve dos años, y quise ser cura de pueblo.

Me interesé a los Padres Blancos pues estaba convencido que iría a África. Fue un cambio enorme de Comillas a Logroño: vida más sencilla, trabajo manual, sin sotana y nos podíamos bañar como todo el mundo…

Salida de Misa un domingo en Chinsapo

El Noviciado no supuso gran cosa para mí. Me enviaron a Vals (Francia) donde no quería ir. Y una vez allí, pedí ir a la parte inglesa y me lo concedieron. En Totteridge, nos trataban como personas adultas. Eran los años del Concilio Vaticano II: años de apertura y de oxígeno para la Iglesia y el mundo. Todos los de mi curso deseábamos ir a África, y en efecto, no mandaron a ninguno a estudios superiores.

Pedí Malawi pues era el país más pobre de los países de África Oriental. Aprendí el Chichewa. Me encontré a gusto desde el primer día; experimenté la proximidad de la gente, la acogida y la alegría de vivir. Empecé a editar algún libro para la catequesi de niños y jóvenes.

Después de casi cinco años, me nombraron a la Animación misionera en España y me enviaron a Sevilla. Pero a pesar de mis esfuerzos, me resultó muy difícil. Dándose cuenta de ello, el Provincial me dio la libertad para volver a Malawi. Fue entonces cuando experimenté la forma de ser de los superiores: los que saben Dialogar y los que se Imponen.

La coral femenina

De vuelta a Malawi, me nombraron a la capital, Lilongüe (Lilongwe). El obispo Kalilombe (padre blanco) inició el Sínodo Diocesano. Me animó y con él organizamos la Pastoral Urbana partiendo de la formación de líderes y jóvenes.  Fueron años muy intensos e inolvidables.

En Mkanda, en la frontera con Zambia, fueron 7 años duros en relación con la justicia social: región de cultivo del tabaco, que representaba para los agricultores una nueva esclavitud. En Mua, tuve que enfrentarme con una situación muy compleja. Había una cierta tensión entre la parroquia y el Centro Intercultural llamado Kungoni.

Después de diez años en Chinsapo, en un suburbio de Lilongwe y forzado por circunstancias difíciles de explicar, me encuentro en España, viviendo otra experiencia padre blanco. No me faltan la ilusión y las ganas de trabajar hasta el final con entusiasmo a pesar de los reveses de la vida cuando la subida se hace cada vez más difícil.


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Manolo Fernández