5º Domingo de Pascua-C-. J.A. Pagola
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Domingo 5º de Pascua – ciclo ‘C’ -. Fray Marcos

EL AMOR RECÍPROCO EN LA COMUNIDAD NO ES LA META  (Jn 13,31-35)

         El texto de hoy está sacado de un discurso de Jesús en el evangelio de Juan; el último y más largo después de la última cena y el lavatorio de los pies. Es un discurso que abarca cinco capítulos y es una verdadera catequesis que trata de resumir las más originales enseñanzas de Jesús. Como podéis comprender, no se trata de un discurso de Jesús, sino de una cristología elaborada por aquella comunidad a través de muchos años de experiencia cristiana. En el momento de la cena, los discípulos no hubieran entendido ni palabra.

         El mandamiento del amor sigue siendo tan nuevo que está aún sin estrenar. No se trata solo de algo muy importante; se trata de lo esencial. Sin amor, no hay cristiano. Nietzsche llegó a decir: «solo hubo un cristiano, y ese murió en la cruz»; precisamente porque nadie ha sido capaz de amar como él amó. Como decíamos el domingo pasado, solo el que hace suya la Vida de Dios será capaz de desplegarla en sus relaciones con los demás. La manifestación de esa Vida es el amor efectivo a todos, sin excepción alguna.

         Seguimos presentando el amor como un precepto. Así enfocado, no puede funcionar. Amar tiene que ser un acto libre de la voluntad, a quien solo mueve el bien; no una obligación que viene impuesta. Esto es muy importante, porque si no descubro la razón de bien en el objeto amado, la voluntad no puede ser motivada. Si me limito a cumplir un mandamiento, no tengo necesidad de descubrir la razón de bien en lo mandado, sino solo obedecer al que lo mandó. Aquí está el error. El que una cosa esté mandada me tiene que llevar a descubrir por qué está mandada; me tiene que llevar a ver en ella, la razón de bien. Si no doy este paso, será para mí una programación sin consecuencias en mi vida.

         En la perícopa del evangelio que acabamos de leer, hay gato encerrado. “Que os améis unos a otros” se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Eso se quedaría en egoísmo amplificado. Algunas formulaciones del NT pueden dar pie a esta interpretación. En Juan 17, 21 se dice: te pido que todos sean uno, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti. En otros textos del evangelio de Jn se apunta en la misma dirección. Debemos tener mucho cuidado a la hora de interpretar los textos, porque podría parecer que nos invita a amar solo a los que son de los nuestros, cosa que iría en contra del mensaje de Jesús.

Texto completo: Domingo 5º de Pascua – ciclo ‘C’ – por Fray Marcos

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Manolo Fernández