ECLESALIA, 17/03/23.- Iba en zapatillas por los pasillos del Vaticano, somnoliento, sin afeitar y andando de forma acelerada. Llegaba tarde a su oficina pontificia pues se quedó dormido después de apagar el despertador. Había pasado una mala noche porque el peque no consiguió soltar los gases hasta muy tarde y permaneció en sus brazos hasta que consiguió dormirse. Llevaba unos papeles en una mano y en la otra la llave de su despacho. No había podido desayunar y eso le hacía estar en inferioridad de condiciones. Caminaba serio pero seguro de que iba a conseguir llegar a tiempo cuando, sin esperarlo, se cruzó con Francisco a pocos metros de poder fichar. Se paró, claro está, respetuoso pero sin mayor protocolo después de que el propio papa le dijera, la primera vez, que no hacía falta. El Sumo Pontífice le preguntó qué tal estaba, apercibido por su rostro fatigado; Jorge Mario entendió rápidamente que no había descansado suficientemente. Luego se interesó por su señora y su hijo y así pasaron unos minutos antes de continuar su marcha y, por fin, llegar con retraso a su puesto de trabajo.

Por la tarde, ya en casa, se enteró de que había salido en todos los medios después de que Infobae entrevistara al papa. Resulta que, entre la cantidad de asuntos por los que Daniel Hadad preguntó a Francisco estuvo, una vez más, el de la posibilidad de que los sacerdotes estuvieran casados. El periodista orientó la pregunta hacia la necesidad de que más gente se sume al sacerdocio, algo nada original y muy manido, que enseguida el papa se encargó de redirigir para constatar la existencia de sacerdotes casados: “Todo el rito oriental. Acá en la Curia tenemos uno —hoy mismo me lo crucé— que tiene su señora, su hijo. No hay ninguna contradicción para que un sacerdote se pueda casar”.

Artículo completo: CURA Y SEÑORA CON HIJO-Celibato

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