


Sr. Dorothée Sindani, RSCJ
En este mundo, al mismo tiempo bendecido y herido, algunas personas viven con VIH en silencio, marcadas por el sufrimiento interior, por el miedo al rechazo, la vergüenza por la propia condición y por el peso del juicio de los otros. Recibir un diagnóstico de VIH sigue siendo una doble prueba: el dolor físico y la estigmatización. Así, muchas personas prefieren permanecer en silencio, esconder la propia condición, por miedo a ser rechazados por la familia o la sociedad. Entre apoyo médico y acompañamiento espiritual, a través del grupo “Amigas de Sofía”, estas mujeres consagradas, transforman la desesperación en un nuevo inicio.
Inspiradas por el carisma de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, símbolo del amor misericordioso de Jesús, las hermanas ofrecen acogida a las personas que viven con VIH, sin juzgarles. A través de sencillos gestos cotidianos y una escucha atenta, ellas recuerdan que la enfermedad no define el valor de una persona.
Esta ayuda de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús se articula sobre la preservación de la dignidad humana de frente a la enfermedad, ofreciendo apoyo moral y material tanto a los adultos como a los niños todavía no conscientes de su condición.
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