

Análisis: La ‘Teología de los cinco dedos’ conquista a los jóvenes congoleños
«Ahora quisiera pedirles, por unos instantes, no me miren a mí, miren sus manos. Abran las palmas de las manos, mírenlas atentamente». Como un avezado prestidigitador, el Papa Francisco alzó sus manos, y pidió a las casi cien mil almas jóvenes que se agolpaban en el estadio de los Mártires, en Kinshasa, que hicieran lo propio. ‘Nada por aquí, nada por allá…’ y, de repente, ¡zas!, una nueva imagen que para enmarcar en los anales de este pontificado.
Aunque ‘lo del Papa’ no era un truco, sino un desafío. «Amigos, Dios ha puesto en sus manos el don de la vida, el futuro de la sociedad y de este gran país». El futuro, en miles de manos abiertas al cielo. Manos frágiles, doloridas, manos jóvenes y esperanzadas. Cada mano, imprescindible, incluso las que ya no están, mutiladas, como pudimos ver ayer en el impresionante encuentro con las víctimas de la guerra.
Un movimiento más, un detalle: «Todas las manos son similares, pero ninguna es igual a la otra; nadie tiene unas manos iguales a las tuyas, por eso eres un tesoro único, irrepetible e incomparable. Nadie en la historia puede sustituirte». ¿Un superpoder? ¿Una maldición? El ‘mago’ Bergoglio, entonces, lanzó varias preguntas al aire de Kinshasa.