
Julio 7, 2022
JOHANNESBURGO – En todo el mundo, desde Siria hasta Libia, desde Bangladesh hasta Ucrania, desde Nicaragua a Venezuela, millones de personas se han convertido en refugiados en tierras extranjeras debido a la guerra, el hambre o la inestabilidad política y económica de sus países.
Después de que Sudáfrica se liberara del apartheid en 1992, la potencia africana se convirtió en un imán para los emigrantes de países africanos y asiáticos política y económicamente inestables. Pero en los últimos años, cuando el país se enfrenta a un colapso económico y a una tasa de desempleo de alrededor de 37 %, las oleadas de ataques xenófobos han destrozado los sueños de las comunidades de emigrantes.
Desde 2008, año en el que murieron al menos 62 personas, miles de inmigrantes se han enfrentado a ataques intermitentes, se han quedado sin hogar o han visto sus tiendas y puestos comerciales quemados o saqueados.
Los habitantes locales culpan a los migrantes de quitarles el trabajo y del aumento de delitos como los secuestros (robos de vehículos a mano armada), la trata de personas y el tráfico de drogas, del que culpan principalmente a los nigerianos.
Los políticos, como el exalcalde de Johannesburgo Herman Mashaba, también culpan a los extranjeros de los problemas socioeconómicos del país, lo que se suma al cóctel de sentimientos antinmigrantes.