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1 mayo, 2026
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5º domingo de pascua: Camino, Verdad y Vida

YO SOY EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA

Textos bíblicos de la liturgia del 5º domingo de pascua (A)

Vivimos tiempos de incertidumbre, de desesperación, de desidia, de desánimo: guerras, injusticias, polarización… Podríamos decir que es un sentimiento generalizado. Ante esto, Jesús nos da la bienvenida con esa paz suya (tan distinta de la paz humana) y nos tranquiliza diciéndonos: «No se turbe vuestro corazón» o dicho de otra manera: «No tengáis miedo».

¿Cuántas veces nos lo repite en los evangelios? Contamos con el Amor de Dios, así con mayúsculas. Para el que lo siente, le reconforta toda la vida. Cuando sentimos que todo se derrumba y el pesimismo vuelve, Él nos repite de nuevo: «Creed en Dios y creed también en mí». ¿Cómo no hacerlo? Como Él mismo dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». ¿Hay mejores argumentos?

En este Evangelio, Jesús ve nuestras debilidades, reflejadas esta vez en Tomás y en Felipe. También nosotros nos seguimos preguntando cómo llegar a Él a pesar de escuchar su Palabra en las eucaristías, en los evangelios, en la oración…, y quizás parte de la respuesta está en cómo tratamos de vivir nuestras relaciones. Porque nosotros vemos reflejados el uno en el otro ese «rostro de Dios». Vemos el amor que nos regalamos, el cuidado mutuo, ese «querer agradar» o ese «hacer más fácil el día a día» que Jesús nos daba y lo vemos reflejado en el otro. Porque somos discípulos suyos y aunque le pedimos «muéstranos al Padre» Jesús nos habla y nos dice: «el Padre está en cada uno de vuestros corazones. Amaos los unos a los otros como yo os he enseñado». Y es que no nos hace falta verlo, porque lo sentimos en los actos del otro.

Tomás expresa sus dudas sobre el camino de Jesús; nosotros nos conocimos haciendo un camino (en el Caminito del Rey, foto de la izda.), cuando estábamos un poco “perdidos” en nuestra vida afectiva. El camino ha de ser lugar de encuentro y de descubrimiento, como les pasó a los discípulos de Emaús y en cierto modo, a nosotros.

Y es que, a veces, nos cuesta reconocer que Dios está en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo pequeño; se ha mostrado ante nosotros de mil y una formas: en la familia, en el necesitado, en el enfermo, en el niño… y seguimos sin reconocerle.

En estos tiempos oscuros, Jesús nos invita a confiar, ofreciéndonos la esperanza de “un lugar en la morada del Padre». Ante el miedo y el enfado, nos llama a apoyarnos como familia, a no desanimarnos. Trayendo a nuestros corazones ese «Reino de Dios» que nos transmite Jesús con la calma y la seguridad del que ya lo conoce.

Seamos reflejo del Padre dejando que el Espíritu nos inunde, actuando no por nosotros mismos, sino como instrumentos de su amor. A través de esos gestos sencillos que tanto le gustan —perdonar, servir, consolar, acompañar…— sigamos al que es el camino, la verdad y la vida.

Álex y Raquel


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