

Su vida
Teresa de Cepeda y Ahumada nació en Ávila el 28 de marzo de 1515. Este siglo, llamado el Siglo de Oro, fue un siglo de conquistas, de búsqueda de gloria y honores… Teresa fue muy de su tiempo, buscó la gloria, no la suya, sino la de Dios. Libró violentas batallas y conquistó nuevos horizontes, pero fueron batallas espirituales que condujeron a las nuevas tierras de la interioridad y la intimidad divina. Puso a Cristo Jesús en el centro de toda su vida. Esto requirió toda una vida de perseverancia y paciencia.
Teresa fue la tercera de los nueve hijos de Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz de Ahumada. En 1535, se escapó de la casa paterna e ingresó en el Convento de la Encarnación. Veinte años después, ante una representación de Cristo flagelado, experimentó una profunda conversión. Impulsada por el Espíritu Santo, fundó el pequeño monasterio de San José el 24 de agosto de 1562. Fue el comienzo de una gran aventura: en pocos meses, las fundaciones se multiplicaron: Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569)…
Teresa también reformó la rama masculina del Carmelo con la ayuda de Juan de la Cruz. De 1575 a 1579 surgieron grandes dificultades, pero finalmente se reanudaron las fundaciones: Villanueva y Palencia (1580), Soria (1581). Tras su decimoséptima fundación en Burgos (1582), se dirigió a Alba de Tormes, donde murió el 4 de octubre de 1582, dando gracias a Dios por haberla hecho «Hija de la Iglesia». En sus diversos escritos, Libro de la Vida, Camino de perfección, Castillo interior, Libro de las fundaciones, etc., nos da su experiencia y sus enseñanzas.
En 1970, el papa Pablo VI la nombró Doctora de la Iglesia, con el título de «Madre de los Espirituales». Guía segura de la oración, nos recuerda que «no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho» (Las Moradas, IV).
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