

Ayer se produjo otra masacre en Nigeria. Un grupo armado atacó una iglesia pentecostal en la ciudad de Eruku, provincia de Ekiti. El saldo fue dramático: dos muertos y varios heridos. Según los primeros informes, el pastor fue secuestrado junto con unos treinta feligreses durante un servicio religioso y, presuntamente, se escondía en la maleza tras haber sido golpeado.
Y, por si fuera poco, durante la noche del domingo al lunes, al menos veinte niñas fueron secuestradas de la Escuela Integral Femenina del Gobierno en el estado noroccidental de Kebbi. La subdirectora de la escuela, que intentó defenderlas en vano, fue brutalmente asesinada. Hasta el momento, según las autoridades, nadie se ha atribuido la responsabilidad ni ha exigido un rescate.
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