

“Rezar ha sido un bálsamo en mi proceso de cambio de sexo”, afirma este joven, que relata a Vida Nueva su particular viacrucis.
Por eso me pasé casi toda la infancia sin tener amigos y me convertí en un estudiante mediocre. Realmente era un chico, ¡lo era! En mi juventud empiezo a mentir mucho, a autolesionarme… no quería tener pecho y eso me ha marcado mucho”. Así comienza su historia. Quien habla es Lucas Alcázar, transexual y católico. Dos apellidos que no le molestan porque tiene claro que quiere “ser visible dentro de la Iglesia”, pues “es la única manera de ir cambiando corazones”.
Por eso comparte su testimonio. “He dado charlas en entornos eclesiales y no eclesiales. No tiene nada que ver. En una parroquia el rostro de las personas de Iglesia cambia. La capacidad de escucha no es la misma. Viendo a la persona se acaban las condenas y derribamos los prejuicios”, resalta.
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