El franco CFA, utilizado por catorce países pero vinculado económicamente a Francia, es la última moneda colonial en el continente africano. Los medios de comunicación franceses e internacionales han tomado su existencia como un secreto sucio, a pesar de que la usan unos 187 millones de personas. Sin embargo, ahora ha vuelto a aparecer en los titulares, gracias a cinco años de movilizaciones sostenidas por parte de movimientos e intelectuales panafricanistas.
La controversia en torno al franco CFA tuvo especial relevancia a finales de diciembre, después de las declaraciones del presidente francés Emmanuel Macron y su homólogo de Costa de Marfil, Alassane Ouattara. Su promesa de “reforma” de la moneda, que ahora pasará a llamarse “ECO”, fue difundida por los principales medios de comunicación. Se apresuraron a declarar la muerte de la moneda, llegando a decir “Adiós al franco CFA”, como lo expresó un columnista del Wall Street Journal.
Sin embargo, una mirada más cercana a este asunto sugiere que tales respuestas triunfales fueron demasiado apresuradas, o más bien, completamente erróneas. Si bien es poco conocida fuera del mundo francófono, la historia del franco CFA apunta a una realidad bastante diferente, así como a la persistencia de lo que durante décadas ha servido como una herramienta del neocolonialismo francés.
Del franco CFA a … dos francos CFA
Los orígenes del franco CFA se remontan a las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Las condiciones de posguerra exigieron una devaluación del franco utilizado en la Francia metropolitana, pero la pregunta seguía siendo si se debería hacer una misma devaluación en todo el imperio colonial, manteniendo así una moneda única para un imperio único, o varias devaluaciones, dado que la guerra tuvo impactos desiguales en diferentes territorios gobernados por Francia.
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