Según palabras de Benjamin Attia y Morgan Bazilian, en general, les resulta más fácil a los países que ofrecen financiación para el desarrollo de proyectos energéticos establecer normas de baja emisión de carbono para otros, que para ellos mismos.
LA DESIGUALDAD ENERGÉTICA MUNDIAL ACTUAL ES ALARMANTE
En California, los videojuegos consumen «más electricidad» que «países enteros». En 2014, el habitante medio de Tanzania, consumió «una sexta parte» de la electricidad que consume un frigorífico típico en Estados Unidos.
A nivel mundial, el 10% de países más ricos consumen «20 veces» más energía que el 10% más pobre. Mil cien millones de africanos subsaharianos tienen «la misma capacidad de generación de energía» que los 83 millones de alemanes. Al menos la «mitad» de ellos, no tienen ningún tipo de acceso a la electricidad.
Esta evidente desigualdad energética está alimentando debates espinosos sobre la financiación del futuro energético de África, mientras los líderes mundiales y sus negociadores preparan la COP26, la «conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, en Glasgow, Escocia».
Un tópico cada vez más recurrente entre los países ricos — incluidos aquellos « que son responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo del tiempo» — es el compromiso de que dejarán de financiar con dinero público todos (o casi todos) los proyectos de combustibles fósiles en los países menos desarrollados, aunque «sigan» «financiando», y en muchos casos «subvencionando» «considerablemente», proyectos de combustibles fósiles en sus propios países.
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