

El lago Kivu se encuentra entre Ruanda y la República Democrática del Congo. Su singular geología llena el lago de dióxido de carbono y metano, gases que ponen en peligro a los millones de personas que viven en sus orillas. FOTOGRAFÍA DE ROBIN HAMMOND, NAT GEO IMAGE COLLECTION
El lago Kivu está enmarcado por imponentes acantilados y enclavado en un verde valle a caballo entre Ruanda y la República Democrática del Congo. En el lago, los pescadores flotan en pequeñas barcas, cantando al compás de los remos mientras pescan la comida del día.
Bajo la superficie, esa tranquilidad desaparece.
El lago Kivu es una anomalía geológica, un lago de múltiples capas cuyas profundidades están saturadas de dióxido de carbono y metano atrapados. Sólo otros dos lagos de este tipo, el lago Nyos y el lago Monoun (ambos en Camerún), comparten estas características, y los dos han entrado en erupción en los últimos 50 años, arrojando una nube letal de gas que asfixiaba a todos los seres humanos y animales a su paso. Cuando el lago Nyos entró en erupción en 1986, asfixió a casi 2000 personas y arrasó cuatro pueblos de Camerún. El folclore de la zona habla del «lago malo» y de sus espíritus malignos que surgían para matar en un instante. La preocupación y la amenaza se multiplica en el lago Kivu, que es 50 veces más largo que el lago Nyos y más del doble de profundo. Millones de personas viven en sus orillas.