


En el corazón de África, la República Centroafricana es uno de los lugares más duros para vivir. Con casi seis millones de habitantes, más del 65 % vive en pobreza extrema, la esperanza de vida — una de las más bajas del mundo — apenas supera los 52 años y la mortalidad infantil y materna se encuentran entre las más altas a nivel global.
El sistema sanitario es casi inexistente y la proporción de médicos por habitante, con sólo 0,6 sanitarios por cada diez mil personas, es una de las más bajas del planeta. Muchas personas ven a un médico por primera vez en su vida gracias a las clínicas móviles impulsadas por la Iglesia.
En medio de la guerra, los desplazamientos y el hambre, misioneros como Jesús Ruiz Molina, comboniano y obispo de la diócesis de Mbaïki, no solo evangelizan: llevan medicinas, curan heridas y devuelven dignidad a un pueblo que lucha cada día por sobrevivir. En esta entrevista con L’Osservatore Romano monseñor Ruiz reflexiona sobre la importancia de abrir pequeños espacios de esperanza en medio del abandono y el sufrimiento.
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