De nuevo la invitación para comentar el Evangelio, en este caso del 4° domingo de cuaresma. Y de nuevo, sorpresa, bonita «casualidad», la LUZ con mayúsculas, la que ve el ciego de nacimiento por primera vez en su vida y que le hace tomar conciencia de todo lo que le rodea a través de una nueva mirada, la de Jesús.
Jesús, cómo cambia la vida cuando dejamos que abras nuestros ojos, no sólo los físicos sino, y sobretodo, los del corazón y el alma. Jesús, cómo te vales de momentos oscuros y tenebrosos para terminar con nuestra ceguera y devolvernos la alegría, la misma que sintió aquel ciego al encontrarse contigo.
Jesús, cómo te sentimos en nuestras vidas cuando dejamos de estar ciegos y comenzamos a verte en nuestro día a día: en ese milagro de pasar en 10 meses de una operación quirúrgica de 10 horas y todo lo que vino detrás, a pintar y empapelar una habitación, gesto insignificante en una vida normal, pero un milagro para nuestra familia y en el que te hemos visto los tres más Vivo que nunca a nuestro lado.
La LUZ en esa niña de 16 años, Lucía, nuestra hija, mostrándonos el vídeo de una joven, quizás de su misma edad, respondiendo a una actriz que, aunque ella no lo sabe, está ciega total por burlarse de la fe de los jóvenes cristianos. La emoción de esa joven y también la LUZ de un sacerdote que replicó a la actriz y cuyos testimonios llegan a nuestra hija a través de las redes y se identifica con ellos porque la LUZ que deja atrás la tiniebla del ciego también prende en nuestra Lucía.
La LUZ de mis ojos cuando llegué de África, recién limpiados con tu barro para acabar con mi ceguera, y de la que yo no era consciente pero mi novio entonce, ahora mi marido, no paraba de repetir que brillaban de manera especial cuando le contaba mis vivencias.
Jesús, nuestra familia tiene tanto y tanto que agradecerte!!!!
Gracias por despojarnos de la venda de los ojos que no saben ver que la persona que deja su país, su familia, su casa, viene a buscar y luchar por un proyecto de futuro mejor.
Te pedimos, Jesús, que nos acompañes siempre para que, aunque en algún momento de nuestra vida, volvamos a tener miedo como los padres del ciego, no dudemos en decir CREO.
Belén, Paco y Lucía
(ya comentaron el evangelio del día de Navidad)