

Este Miércoles de Ceniza de 2026 también va a ser muy especial para nuestra familia después de haber vivido 15 años fuera de España, la mayoría del tiempo en República Dominicana. Desde que nuestro hijo Lucas era un bebé hemos intentado no faltar a esta cita tan importante con la que damos comienzo a un nuevo tiempo de gracia: la Cuaresma.
Conforme hemos ido creciendo como familia, nos hemos dado cuenta de que los jóvenes actualmente escuchan más por la “vista” que por los oídos… Por eso, tratamos, como familia, de imponernos la ceniza y aprovechar estos 40 días para revisar cómo vamos qué cosas nos sobran, qué nos faltan, en qué derrochamos tiempo, energía y dinero …
Nuestra experiencia de estar fuera de España estos años ha sido muy interesante, sobre todo cuando hemos vivido situaciones que merece la pena compartir porque dan mucho que pensar. ¿A quién no le ha pasado dejar para última hora ir a misa el Miércoles de Ceniza y luego… ¡zasca!, algo se torció y nos quedamos sin ceniza y, por supuesto, sin una misa “extra”? Pues, más allá de nuestros deseos, están los de Dios, siempre atento a las intenciones sinceras de nuestro corazón.
Me pasó en Santiago de los Caballeros, en República Dominicana, que tuve que moverme por trabajo e iba un poco apurado regresando al hotel porque no estaba seguro de si llegaría a misa. En la recepción pregunté si había una iglesia cerca y si sabían el horario de las misas, ya que era Miércoles de Ceniza. Entonces, el personal administrativo me dijo que ya no había misas, pero que, si quería, tenían un miembro del personal que podía imponerme la ceniza. ¿Cuál fue mi asombro? Que al poco rato sonó la puerta de la habitación y una de las empleadas de la limpieza venía para imponerme la ceniza; previamente hizo una oración muy sencilla. Yo me quedé asombrado y, cuando se lo conté a Conchi, ella no daba crédito.
Pues sí que es verdad. Recuerdo ese momento como si fuera ayer. Algunas veces nos hemos preguntado cómo hubiese sido esta situación en España, pero lo que sí aprendimos fue a no perder la oportunidad de “crecer” en el servicio. Así que, ni corta ni perezosa, unas Cuaresmas más tarde me ofrecí a imponer la ceniza a mis vecinos del residencial que, por unas cosas o por otras, no habían llegado a tiempo a misa. Y quizá de esta experiencia me quedo con que, a veces, es más cómodo pasar desapercibidos y no exponernos a las críticas. Se supone que si somos creyentes, somo un ejemplo para el vecindario, pero no es así. Jesús no nos quiere perfectos, nos quiere humildes, nos pide que no tratemos de aparentar más fe que nadie, sino que seamos coherentes como pocos.
La ceniza en nuestra frente nos recuerda nuestra fragilidad, nuestra dificultad para tenerlo todo bajo control, nuestra necesidad de volver a lo auténtico a través de unas “ayuditas”, como son la oración, el ayuno y la limosna. Estas dos últimas, en los últimos años, se han ido “acomodando” con tal de hacer más llevaderos los días (ayunar de malos gestos o ser generosos con nuestro tiempo…). Pero lo que no puede acomodarse y debe ser el centro de nuestra vida en todo tiempo es nuestra oración. Aquí sí que debemos “acomodarla”: no esperar el momento ni el lugar perfectos, no perdernos en las formas y dejar vacía de contenido nuestra conversación con Dios.
Aquí, el ejemplo de esta persona del equipo de limpieza de aquel hotel debe ser también una llamada a la sencillez, al servicio y a la disponibilidad para que nuestra vida sea siempre una ocasión para que los demás busquen y se encuentren con Dios.
Si no te lo has planteado todavía, esta Cuaresma quizá pueda ser una buena oportunidad para vivirla de manera diferente. Fíjate lo que hacen en algunos países que tratan de sacar “partido” y alinearse con los tiempos litúrgicos: las grandes cadenas de hamburgueserías sacan sus dotes creativas para meternos por los “ojos” más fish (pescado) y menos meat (carne), no cambia nada, ni el local, ni el ritmo, ni los precios,…solo cambia el ingrediente porque lo importante, más allá de las creencias, es no perder clientes. Los cristianos, también tenemos que sacar nuestros talentos para que podamos hacer de nuestra Cuaresma un tiempo de wish (esperanza) y sweet (dulce) no podemos seguir viviendo igual, porque lo importante, mucho más allá de las apariencias, es no perder nuestro “ser-creyentes” .
Luis, Conchi y Lucas.