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JUSTICIA, PAZ Y ECUMENISMO

Autor: José Luis Bandrés.

Cuando salga a la luz este informe habrán pasado casi cinco meses desde la visita del Papa Francisco a la República Democrática del Congo y a Sudán del Sur. Parece que tiene poco sentido ponerse a recorrer de nuevo un camino ya transitado, pero creo que sí lo tiene en este caso, para recoger, sobre todo, sus frutos más significativos: la denuncia de las injusticias que continúan perpetuándose y la importancia de vivir el anuncio misionero en una perspectiva ecuménica.

La decidida voluntad del Papa en realizarlo demuestra la importancia acordada a un viaje varias veces pospuesto a causa de las circunstancias concretas que lo desaconsejaban: el Covid, la salud y las exigencias de seguridad

del Papa. Inicialmente previsto para Sudán del Sur, el proyecto se abrió a otro país, la República Democrática del Congo, proporcionando a la visita de estos dos países un marcado sello de comunión eclesial, singularmente ecuménico, ya que era la primera vez que un Papa llevaba a cabo una visita oficial a un país del mundo, acompañado de dos miembros de las Iglesias que participan en la evangelización de Sudán, antigua colonia británica, Justin Welby, Arzobispo de Canterbury, y el Moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, Iain Greenshields.

Es siempre interesante, y en este caso aún más, examinar las razones principales que han movido al Papa, a pesar de sus dificultades de movilidad, a llevar a cabo el viaje a estos dos países. Después de leer los textos de sus discursos y examinar las diferentes audiencias a quienes se dirigía, aparece con claridad meridiana su contenido social, poniendo énfasis en la fuerza del Evangelio como camino para la paz, así como la denuncia ante el mundo entero de las injusticias flagrantes del colonialismo económico que, hoy día y desde hace varios lustros, organiza y dirige el salvaje robo de las riquezas naturales de la República Democrática del Congo. Hordas armadas saquean y matan a los habitantes de las aldeas para apoderarse de sus campos y llevarse las riquezas que contienen sus tierras, coltán, oro, diamantes, cobalto, maderas preciosas etc.

República democrática del Congo

El mismo día de su llegada a Kinshasa, en el discurso ante las autoridades en el Palacio de la nación de Kinshasa, Francisco denunció la situación diciendo que es “trágico que estos lugares, y más en general el continente africano, sigan sufriendo diversas formas de explotación”. Solo aquellos que cierran los ojos y no quieren escuchar el grito de los pobres, ignoran que todas estas injusticias y crímenes acarrean consecuencias dolorosísimas para la población, las que sufre la RD del Congo, lo mismo que la del Tigray (Etiopía) y otras partes del continente africano, un genocidio olvidado y silenciado por los grandes de este mundo. El Papa tomó su tiempo en Kinshasa para visitar a las víctimas de tanta violencia y denunció tales injusticias diciendo: “Mientras personas humanas son asesinadas y violadas, el comercio, causa de tales atrocidades, continúa floreciendo”, y exclamó: “Quitad las manos de la República Democrática del Congo. Quitad las manos de África. Dejen de asfixiarla, porque África no es una mina que explotar ni una tierra que saquear”.

El Papa confortó a una multitud de más de un millón en la misa celebrada en N´dolo, el aeropuerto de Kinshasa. Les dijo que el mensaje cristiano de paz y fraternidad es para todos, y sigue siendo un deber de todos los cristianos trabajar activamente por la paz y la justicia. “No se puede -añadió-, ser cristiano practicando la violencia”. Mas tarde recibió a un grupo de congoleños del Este, escuchando las atrocidades sufridas por ellos en esa región, que vive en una situación permanente de violencia.

Mensaje a los jóvenes

El 2 de febrero, en el Estadio de los Mártires, el Papa se encontró con 65.000 jóvenes que lo recibieron con cantos de alegría. Entre continuas aclamaciones, quizás con una velada alusión a las elecciones generales que tendrán lugar en diciembre, el Papa les dijo que era necesario terminar con la corrupción. “Tenéis la libertad de escoger”, les dijo el Santo Padre, y continuó: “No caigáis en la trampa de vender vuestra libertad por dinero, por favores; no os dejéis arrojar a la ciénaga del mal”.

Mensaje a los sacerdotes

También se reunió en la catedral de Nuestra Señora del Congo con sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y seminaristas. Les indicó el peligro del dinero: “La nuestra no es una profesión o posición social, o un medio de proveer para nuestras familias. Es triste cuando nos replegamos en nosotros mismos y nos convertimos en fríos burócratas del espíritu. En lugar de servir al Evangelio, nos preocupamos de administrar finanzas y negocios rentables para nosotros mismos. Sean ustedes todos, más bien, modelos de sobriedad y libertad interior”.

Sudán del Sur

 A su llegada a Juba, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, y el Moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia, Iain Greenshields, subieron al avión para saludar al Papa Francisco. Así comenzó el primer viaje ecuménico del Papa con los dos representantes de las dos Iglesias de Gran Bretaña. Acto seguido, los tres personajes saludaron al presidente del Sudan del Sur, salva Kiir, en el palacio presidencial junto con varios centenares de personalidades, líderes civiles, diplomáticos, y trabajadores. Dirigiéndose a todos ellos con sus manos entrelazadas, el Papa les dijo: “En paz como en la vida todos peregrinamos juntos, y por eso vengo yo con estos dos hermanos míos; con nuestras manos extendidas hacia ustedes, nos presentamos ante todo al pueblo de este país, en el nombre de Jesucristo, el Príncipe de la paz. La historia borrará la memoria de los políticos, si no cesan el derramamiento de sangre”.

Aquella puesta en escena recordaba el momento en que los dos líderes del país se comprometieron a obtener la paz, en presencia del arzobispo Welby y del Papa Francisco. Ocurrió en 2019, cuando el Papa, durante un retiro en el Vaticano, en un gesto inusual, se arrodilló y besó los pies de los dos grandes opositores, el presidente salva Kiir y el vicepresidente Riek Machar.

El arzobispo Welby se lo echó en cara a los dos: “Esperábamos bastante más de Ustedes; lo prometieron”. El Papa añadió: “No más derramamiento de sangre, no más violencia ni recriminaciones mutuas sobre quién es el culpable; no abandonen al pueblo sediento de paz”.

 Esta insistencia del Papa tiene un significado profundo. La fe cristiana llegó a África subsahariana junto con los poderes coloniales, y en África del Este se formaron Iglesias confesionales, ya divididas. Católicos, anglicanos y protestantes predicaron en los mismos países y al mismo tiempo el mismo Evangelio. Este hecho creó desde el principio una visión errónea de la Iglesia, como si la división fuese algo normal y aceptable; los misioneros de las distintas confesiones competían en proselitismo, tratando de conseguir más fieles que el misionero de la otra confesión.

No hay duda, pues, de que este viaje representa una revolución ecuménica, basada en hechos concretos de fraternidad y colaboración sincera de los tres máximos representantes de las tres iglesias que antaño lucharon entre sí en la evangelización del continente. De esta manera, se realizaba concretamente lo que el Concilio Vaticano II declaró solemnemente 60 años atrás: la fraternidad de todos los bautizados en Cristo: “Nuestra atención se dirige, ante todo, a los cristianos que reconocen públicamente a Jesucristo como Dios y Señor y Mediador único entre Dios y los hombres, para gloria del único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo (…) Nos gozamos, viendo a los hermanos separados tender hacia Cristo, como fuente y centro de la comunión eclesiástica. Movidos por el deseo de la unión con Cristo, se sienten impulsados a buscar más y más la unidad y también a dar testimonio de su fe delante de todo el mundo. El amor y la veneración y casi culto a las Sagradas Escrituras conducen a nuestros hermanos separados al estudio constante y solícito de la Biblia, pues el Evangelio “es poder de Dios para la salud de todo el que cree, del judío primero, pero también del griego” (Rom., 1,16). Vaticano II, Unitatis Redintegratio Nº 20-21.

Desgraciadamente, las heridas del pasado persisten. Una cosa es escribir sobre el ecumenismo y anunciarlo en el Concilio, y otra mucho más difícil es ponerlo en práctica. El arzobispo Anglicano, Justin Welby, declaró a un periodista en el viaje de retorno: “Cuando uno recuerda cómo las Iglesias, que en el pasado han obrado como enemigas, atacándose mutuamente, quemando sacerdotes de uno y otro lado, condenándose mutuamente en los términos más duros, este viaje ecuménico le parece un “sueño surrealista”. El peregrinaje a Sudán del Sur es un modelo de ecumenismo desarrollado poco a poco. Las Iglesias no solamente hablan unas con otras, sino que ya intercambian dones unas con otras. Mientras por un lado, el Papa alababa el trabajo del arzobispo Welby por la reconciliación en Sudán del Sur, por otro lado el arzobispo Welby aseguraba que uno encuentra su inspiración, trabajando con el Papa Francisco.

La justicia social y el bien común riman bien con el bien común y la unidad en la diversidad. El 4 de febrero, los tres líderes compartieron el escenario en un encuentro ecuménico de oración dedicado a John Garang, padre de Sudán del Sur. En él estuvieron presentes salva Kiir y Riek Machar. El Papa dijo: “Nosotros caminamos hacia la unidad cuando el amor se concretiza, cuando nos unimos ayudando a los oprimidos, los heridos, los “sin lugar”.

Recordamos, por último, el gesto de humildad y de verdad del arzobispo Welby, durante el viaje de vuelta en el avión, declarando al periodista que lo interrogaba: “El Papa Francisco y el Moderador de la Asamblea General de la Iglesia de Escocia acaban de poner fin a una misión ecuménica sin precedentes para la paz de Sudán del Sur, país desgarrado por la guerra. La visita papal a una nación sigue el mandato de Jesús a Pedro: “apacienta mis ovejas”, poniéndose al cuidado de una iglesia local”. También la Oficina Vaticana para la Promoción de la unidad entre los cristianos afirmó que esta misión “petrina” del Papa, llevada a cabo de consuno con otros líderes cristianos tiene una importancia capital.

Las visitas del Papa Francisco a países de limitado renombre “países pobres de preferencia”, muestran las pautas de su pontificado, reclamando los derechos de los más débiles, la justicia social, la paz y la convivencia de todos con todos, en el respeto y la tolerancia, pautas opuestas a un mundo desnortado por la ambición del dinero y la manipulación del poder. Se le escuche o no, Francisco nos hace partícipes de su misión universal: “Hermanos, hermanas, estamos llamados a ser misioneros de paz, y esto nos dará paz. Es una decisión; es hacer sitio en nuestros corazones para todos; es creer que las diferencias étnicas, regionales, sociales y religiosas vienen después y no son obstáculos; que los demás son hermanos y hermanas, miembros de la misma comunidad humana; que cada uno es destinatario de la paz que Jesús ha traído al mundo. Es creer que los cristianos estamos llamados a colaborar con todos, a romper el ciclo de la violencia, a desmantelar las tramas del odio”. Haremos bien en escucharlo.

Fuente: JUNIO 2023 – Nº217. Boletín de los Misioneros de África (Padres Blancos) y Hnas. Misioneras de Ntra. Sra. de África (Hermanas Blancas)

 


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