

«Frente a semejante drama no sirven las palabras, sino los hechos»
Tras el encuentro con el clero en la basílica de Nuestra Señora de la Guardia, el Papa Francisco se traslada al Memorial dedicado a los marineros y migrantes perdidos en el mar. Se trata de una Cruz de Camarga que simboliza las tres virtudes teologales: la fe, representada por los tres tridentes de la Cruz, la esperanza, simbolizada por el ancla, y la caridad, representada por el corazón. La Cruz se llema «de la Camarga» porque se fabricó en esta región en los años veinte.
«Hermanos, hermanas, afrontemos unidos los problemas, no hagamos naufragar la esperanza, ¡formemos juntos un mosaico de paz!». Así concluyó el Papa Francisco su emotivo discurso al pié de la Cruz de Camarga, en la que volvió a implorar por la suerte de los emigrantes que cruzan este mar y que se convierte para muchos de ellos en cementerio, donde «se ven privados incluso del derecho a tener una sepultura».
Y volvió a suplicar: «No nos acostumbremos a considerar los naufragios como noticias y a los muertos como cifras; no, son nombres y apellidos, son rostros e historias, son vidas rotas y sueños destrozados».
Según el Papa, «frente a semejante drama no sirven las palabras, sino los hechos» y, por eso, suplicó a los líderes religiosos y a sus respectivos fieles de las tres religiones del nómada Abraham, que abran sus brazos y sus corazones a los emigrantes. Porque «en las raíces de los tres monoteísmos mediterráneos está por tanto la hospitalidad, el amor por el extranjero en nombre de Dios».
Cerca del Memorial de los marineros y migrantes perdidos en el mar, miembros de Marseille Espérance, una delegación de Stella Maris, una delegación de Caritas Gap Briançon, una delegación del servicio diocesano de pastoral de migrantes y una delegación de las associations de secours en mer rezan junto al Papa.