En diciembre de 1948, las Naciones Unidas adoptaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Considerado el acuerdo internacional más fundamental sobre derechos humanos, este documento sentó las bases de las normas esenciales de derechos humanos en el mundo de posguerra.
«La esencia de la Declaración es que todos nacemos iguales y tenemos derechos humanos desde el nacimiento, derechos que son universales e indiscutibles. De este modo, sentó las bases de muchos acuerdos sobre derechos humanos», explica Hugh Williamson, director de la división de Europa y Asia Central de Human Rights Watch.
Cuando se adoptó la Declaración Universal en 1948, sólo había 58 miembros de las Naciones Unidas, con 48 países que votaron a favor. Hoy, más de 190 países han suscrito la convención, y muchos han ratificado tratados jurídicamente vinculantes basados en los principios de la Declaración.
Pero este convenio es mucho más que un símbolo de igualdad y respeto. Es una guía esencial, que ofrece principios atemporales enraizados en los derechos humanos de todas las sociedades.
«Creo que va mucho más allá de lo simbólico, aunque sólo sea porque la Declaración sentó las bases de lo que vendría después. Dio lugar a una serie de tratados que abarcan un amplio abanico de cuestiones de derechos humanos, desde los derechos del niño a la discriminación por razón de sexo, pasando por la relación con la discapacidad en el lugar de trabajo», asegura Erica Harper, jefa de Estudios de Investigación de la Academia de Derecho Internacional Humanitario y Derechos Humanos de Ginebra.





