Domingo 29 del Tiempo Ordinario  – ciclo ‘B’ –. Fray Marcos
15 octubre, 2021
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15 octubre, 2021
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29º domingo B -17 octubre 2021. J.R. Echeverría

Isaías 53,10-11   —   Hebreos 4,14-16   —   Marcos 10,35-45

En este período de crisis que atraviesa nuestra Iglesia, uno podría preguntarse cómo es posible que no se haya hundido. ¿De dónde viene su flexibilidad, su resistencia, su «resiliencia», como decimos hoy? La respuesta «cristiana» es clara: el nuestro es un Dios fiel, incluso cuando lo hemos abandonado. Transformó el merecido exilio de nuestros antepasados judíos en una oportunidad para su renacimiento humano y espiritual. Resucitó a Jesús y, desde entonces, muerte y resurrección han estado en el centro de la experiencia cristiana. Y el Espíritu de Jesús hace posible germinar los granos que han caído en el suelo. Dios ama al mundo. Ha querido que nuestra comunidad cristiana sea un instrumento de su transformación. Y se aferra a ella incluso (especialmente) cuando nuestras debilidades muestran que no somos dignos de tal tarea. Esta es la respuesta cristiana que explica la resistencia de la Iglesia. Al mismo tiempo, un sociólogo neutral, o un historiador de las religiones, podría observar que las fuertes experiencias vividas por nuestra comunidad en el momento mismo de su nacimiento contribuyeron sin duda a hacerla flexible, tenaz y resistente. Pensemos, por ejemplo, en el cambio de chip con el que Jesús obligó a sus primeros discípulos. 

Esperaban un Reino fuerte que pudiera liberarlos de los invasores extranjeros y los malvados líderes judíos. Pero Jesús les pidió que priorizaran a los pequeños y pecadores, que amaran y perdonaran a los enemigos, que se hicieran siervos de todos. Cambio de chip también después de que la Iglesia se pusiera en movimiento, cuando los primeros discípulos, todos los judíos que se creían el «pueblo elegido», superior a los otros pueblos de la tierra, tuvieron que aceptar, según la fórmula de San Pablo, que de ahora en adelante «ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.»De hecho, los evangelios cuentan cómo personas que querían seguir a Jesús lo abandonaron, desanimados por sus exigencias. Y leyendo los Hechos de los Apóstoles y las epístolas de San Pablo, uno puede sentir que la transición del contexto judío al mundo grecorromano dividió a la comunidad y casi la hizo desaparecer. Ninguna comunidad, sociedad u organización humana es eterna. Pero es comprensible que habiendo pasado por tales crisis ya en su nacimiento, nuestra comunidad cristiana esté, a los ojos de los observadores, suficientemente preparada para pasar por otras.

Texto completo: 29ºOrdinarioB-Echeverría

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Manolo Fernández