

por José Ramón López | Ago 9, 2022
Estamos inmersos ya en pleno verano. Verano suele ser para algunos, tiempo de descanso, de bajar la intensidad, de evaluar cogiendo impulso de cara al nuevo curso, de programar, tiempo de formarnos, de interiorizar, tiempo de lecturas sosegadas o paseos prolongados… Esto, para algunos, para otros sigue siendo un tiempo de estar en comunidad, de compartir momentos y de disfrutar de la vida. Un tiempo más, quizás con alguna comida diferente o incluso actividades un poco distintas.
Permitidme que me dirija en esta breve reflexión a aquellos/as que tenéis la inmensa responsabilidad de ser superiores/as de una comunidad de mayores y que dedicáis siete días los 365 días del año a ello. Vuestra vida se entrega a este fin. Para mí, la misión más bonita del mundo pero no exenta de dureza y de dificultad. Es, al mismo tiempo, una de las misiones dentro de la Vida Consagrada más minusvaloradas o desconocidas, a la que dedicaremos tiempo en otra reflexión.
Todos sabemos que el cuidado de una persona mayor, discapacitada o dependiente no es fácil. Se trata de una situación para la que nunca estamos suficientemente preparados, ni física ni mentalmente. Cuesta continuar con nuestra vida si nos implicamos de manera excesiva en el día a día de las personas que tenemos a nuestro cargo. Este nivel de absorción que conlleva estar al frente de estas comunidades, donde algunos religiosos/as son más exigentes; donde en otros momentos hay que lidiar con las “cabezas” (como se dice cotidianamente) perdidas que repiten una y otra vez lo mismo (fruto de la enfermedad); donde el sentido de la escucha tiene que estar todo el día activado (y muchas veces por la noche también); el de la vista se tiene que afinar; donde la delicadeza y la paciencia hay que ejercerla a diario en muchas ocasiones; donde hay que hacer de todo porque cada vez hay menos hermanos/as que puedan “hacer” algo… Todo ello conlleva un agotamiento físico y mental en personas que, aunque están al frente de esta responsabilidad, no dejan de tener ya una edad. Y para no agotarnos es necesario buscar espacios de descanso semanal, quincenal, mensual…
Siempre encontraremos buenas disculpas para omitir el descanso, salir de la comunidad y hacer algo diferente que nos regenere y nos posibilite cargar energías y nos enriquezca interiormente. Porque, si no nos enriquecemos, cada vez tenemos menos cosas que compartir, estamos más encerrados en nosotros mismos y nuestro mundo se empobrece. No son inhabituales los siguientes argumentos:
Se pueden poner aquí unas cuantas razones más. Estas las he escuchado en más de una ocasión.
Pero realmente las preguntas que nos tenemos que hacer son otras:
Para seguir leyendo: https://institutohumanitate.org/blog/verano-tiempo-de-cuidado-para-los-supercuidadores/