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Testimonio Misionero en el Mes de la Misión Universal: Jean Damascène Bimenyimana

Hoy entrevistamos al joven seminarista ruandés Jean Damascène Bimenyimana de 25 años y que hace su tercera etapa de formación en el Instituto de Vida Apostólica de los Misioneros de África (popularmente llamados Padres Blancos) en Roquetas de Mar (Almería). Esta tercera etapa de formación es un tiempo de inserción pastoral en una comunidad que dura dos años.

Jean Damascene, ¿Cómo te encuentras ahora en España? Y ¿Cuáles son tus impresiones, ya que tienes que vivir en una sociedad occidental cuya cultura es ciertamente diferente de la tuya?     

Estoy viviendo una nueva experiencia de mi vida, y es una de las mejores experiencias que he vivido. Pero, he de decir que nunca en mi vida había pensado que podía pasar una parte de mi formación fuera de África, aunque que sabía que había posibilidad, dado que hay algunas comunidades y una casa de formación (teología) fuera de África. La razón es que me encanta muchísimo África. En cualquier país africano me siento en casa, siempre el bienvenido. Y por el hecho de que somos Misioneros de África, la misión debe basarse en principio en África. Pero con el tiempo y los fenómenos de la migración, la globalización, etc., la sociedad se dio cuenta (hace pocos años), de que África no significa solamente el continente geográfico. Se puede encontrar África fuera de África, es decir en otros continentes. Es en esta línea que se fundaron las comunidades fuera de África, pero donde se encuentran mayoritariamente los africanos. Estos necesitan nuestra presencia física, necesitan que alguien los acompañe, los apoye, los consuele, los anime, los ayude a integrarse en la nueva sociedad donde se encuentran.

En cuanto a las impresiones que tengo ahora de España y de la cultura occidental, he de decir que todavía no he tenido muchas malas experiencias. Los españoles son generalmente muy buenos acogedores, muy sociables, simpáticos, amables, aunque se necesita tiempo para acostumbrarse a ellos. Me ha parecido que no dan el primer paso hacia al forastero o visitante pero cuando este se acerca siempre está bien acogido con mucho gusto. La sociedad occidental es un poco cerrada en comparación con la de África. Pero siempre he estado convencido de que no hay una cultura mejor que otra. Cada cultura tiene la tendencia a valorarse superior o sentirse como si fuese la mejor. Esa no es mi convicción. Sin embargo, he de confesar que, cuando llegué aquí en septiembre del año pasado, tuve la impresión de estar solo. Con la dificultad de no ser capaz de hablar el castellano, de vivir una cultura diferente, de salir a las calles sin poder saludar a la gente, el hecho de no tener amigos de mi generación alrededor (salvo en la escuela de idiomas).  Me sentí un poco aburrido y solito, pero poco a poco he logrado tener algunos amigos españoles y de otros países de Europa. Y el secreto es que soy un chico muy social. Me gusta la compañía, estar con la gente charlando, etc. Aunque el covid-19 me ha permitido vivir muchos acontecimientos.

Hablando de la pandemia, el Covid-19, ¿Cómo has vivido esta situación sobre todo durante el estado de alarma en Roquetas de Mar?

            Durante los principios del estado de alarma, me sentí inseguro, rodeado por la incertidumbre. Me hacía a mí mismo muchísimas preguntas a veces sin respuesta. Me costó casi dos meses para empezar a aceptar la triste realidad de la pandemia. Una plaga que nos afectó a todos. Los principios de esta enfermedad fueron unos de los peores momentos que he vivido. Me sentí como si estuviésemos en tiempo de guerra. Gracias a Dios que no me he quedado frustrado por mucho tiempo. Tuve que buscar algo que me ocupara. Con la ayuda y apoyo de la comunidad llegué a ser creativo. Dediqué unas horas para leer muchos, aprender el castellano para mejorar, escribir, acompañar y consolar telemáticamente algunos de mis amigos que lo estaban pasando peor, aprender a cocinar, hacer limpieza, tuve bastante tiempo para rezar y mejorar mi relación con Cristo, etc. Luego me di cuenta de que el tiempo estaba pasando muy rápido. Y al salir del estado de alarma tuve une mejor experiencia al acompañar a jóvenes de Roquetas y de Madrid que vinieron para pasar una semana de campamento.

¿Por último, ¿Cómo te encuentras con los inmigrantes y cuál es tu misión con ellos, sus dificultades sobre todo en este tiempo de pandemia?

Me encuentro muy bien aquí en Roquetas de Mar, estoy viviendo una mejor experiencia pastoral principalmente con los “Roqueteros-Africanos”, y como la mayoría de ellos son de mi generación me encuentro muy bien entre ellos pues siempre he querido hacer una experiencia con los jóvenes. Mi misión con ellos no es nada extraordinario dado que la pandemia ha cambiado y afectado todos los planes; como dar clases, organizar actividades sociales. Por ello, la manera de misionar también ha cambiado. Por ejemplo, aunque salga para quedar con ellos un ratito, tengo siempre en mi mente los riesgos del acercamiento. Debo guardar las medidas de seguridad teniendo en cuenta que vivo también con una persona mayor (vulnerable) en la comunidad. Pero tampoco no es una tarea fácil porque algunos de estos hermanos africanos toman esa pandemia como si no existiera, o mejor dicho como una broma. Algunos no cesan de preguntarme si esa pandemia existe en realidad. Desde luego mi trabajo es de explicar y convencerles que “si”, que le covid-19 es una realidad, que es una enfermedad, un virus que está acabando con las vidas de mucha gente, y que tenemos que cuidarnos, los unos a los otros.

En la misma línea, a pesar de las innumerables dificultades ligadas al covid-19 en el mundo entero, puedo decir que muchos de mis hermanos africanos no fueron atacados mucho por este virus; debido al tipo de trabajo que realizan, en los invernaderos (la mayoría de ellos). Porque, aun durante el estado de alarma siguieron trabajando. A veces me pregunto, ¡lo que podía haber pasado si hubiesen tenido que parar seis meses y las consecuencias para los productos agrícolas! Lógicamente algo malo hubiera sucedido. Desde luego, se nota la importantísima labor de estos jóvenes que pasan horas y horas en los invernaderos bajo el calor que generan sus estructuras.  Pero, veo que, a veces algunos de los nativos los tratan como si no fuesen seres humanos, y por tanto ¡son personas que merecen ser tratadas con la dignidad de todo ser humano! Es por esa razón que mi misión es el acompañarlos, escucharlos, apoyarlos, animarlos, y rezar por ellos. Es sabido de todos que, estos jóvenes, para llegar aquí, han tenido que pasar por un “infierno”.  Después cuando llegan aquí y que no encuentran lo que esperaban, algunos se sienten decepcionados, frustrados, e incluso desesperados. En este contexto mi misión es estar con ellos y animarlos para que no pierdan la esperanza de que algún día las cosas podrían mejorar.

La mayor dificultad para muchos de ellos es conseguir los papeles para poder sentirse seguros y buscar trabajo, dado que pueden pasar años sin conseguirlos. Otros trabajan como si fuesen esclavos, es decir que sus jefes no les tratan con dignidad. Esta situación me hace sentir incapaz e inútil, pero lo único que les digo siempre es de no perder la esperanza y seguir luchando, concentrándose en lo más importante y no olvidar “el por qué” han venido aquí. En general, me da mucho gusto vivir aquí en Roquetas de Mar, una ciudad multicultural y una pequeña África.  Sigo teniendo buenas experiencias y sacando buenas lecciones para mejor mi vida humana y cristiana.

Muchas gracias Jean Damascène Bimenyimana  por tus primeras, ricas y profundas, experiencias en España, tanto a nivel relacional como en lo concerniente a tu Misión como seminarista Misionero de África en la Comunidad de Roquetas de Mar. Que Jesús de Nazareth siga dándote fuerzas y coraje en tu camino vocacional.

 


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Manolo Fernández