

Cuando Tembeka Ngcukaitobi nació, una persona como él no podía ser abogado. En 1976, Sudáfrica seguía en plena dictadura del apartheid y solo los blancos tenían reservados esos puestos. Por no poder, tampoco podía vivir en ciertos lugares, ni pisar ciertas playas, ni disfrutar de una educación igual que otros. Afortunadamente, catorce años después el pueblo sudafricano derrotó el racismo institucional y el pasado jueves, 47 años después de su nacimiento, Ngcukaitobi representó a su país en la primera demanda contra Israel por genocidio en Gaza ante el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU en La Haya.
¿Qué significa esto? En términos prácticos no es gran cosa. Sudáfrica busca demandar a Israel para que haya una sentencia internacional que reconozca como genocidio sus actos en Palestina y busque paralizar con medidas cautelares la ofensiva israelí. Ahora, por mucho que lo haga, falta que Israel haga caso a la sentencia.
Ahora, tiene mucho simbolismo. Como dice la politóloga Arantxa Tirado, “el país que venció al apartheid acusa al Estado de Israel de genocidio, usando la Convención contra el genocidio creada tras el holocausto nazi contra el pueblo judío”. Lo hace además con pruebas fehacientes, entre las que se encuentran declaraciones públicas de miembros del gobierno israelí como que hay que “borrar Gaza de la faz de la tierra”.
Lo que se busca es una decisión que sería histórica, culpar de genocidio a un gobierno de un país soberano mientras lo está haciendo. Más allá de lo que salga de las audiencias en La Haya, Sudáfrica ya ha ganado por su papel como líder internacional. El nombre del país está en todos los telediarios y muestra la creciente importancia del continente africano en temas globales y el decisivo liderazgo diplomático que tiene Sudáfrica, cuya historia hace que su caso tenga un peso todavía mayor. «Nelson Mandela nos enseñó que nuestra libertad nunca será completa hasta que se logre también la libertad de los palestinos. Nunca me he sentido tan orgulloso como hoy», dijo el presidente, Cyril Ramaphosa.
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