

El pasado 11 de marzo se constituyó en Salamanca el grupo “Amigos de Sor Teresa Chikaba por el mundo”, una iniciativa formada por fieles que desean promover el conocimiento de esta increíble mujer, que fue hecha esclava en Ghana y, como una antecesora de Santa Josefina Bakhita, acabó siendo religiosa. Se busca difundir su vida, sus virtudes y su testimonio cristiano desde la espiritualidad dominicana.
Según informa desde la familia dominicana, Teresa Chikaba nació alrededor del 1676 en la región del Golfo de Guinea, en la actual Ghana. Provenía de una familia noble y su padre era un jefe tribal. A los nueve o diez años, su destino cambió trágicamente. Mientras paseaba, fue capturada por traficantes de esclavos y llevada a un barco español. La embarcación hizo escala en Santo Tomé, donde fue bautizada a la fuerza y recibió el nombre de Teresa. Chikaba llegó a Sevilla y, en lugar de ser vendida en los mercados de esclavos, fue enviada a Madrid como un regalo para el rey Carlos II y la reina Mariana de Austria, quienes la entregaron a la familia de los marqueses de Mancera. Estos le proporcionarían una educación cristiana, enseñándole a leer y escribir. También la hicieron limosnera, encargándole repartir dinero a los pobres, lo que fortaleció aún más su vocación religiosa. Dentro de esta casa noble, sin embargo, sufrió envidias y malos tratos, especialmente por parte de una aya que la golpeaba con crueldad. A pesar de ello, nunca se quejó y soportó todo con paciencia.
Cuando tenía unos 20 años, su tío, un príncipe africano que había sido esclavizado por los franceses y luego liberado por el rey Luis XIV, viajó a España con la intención de casarse con ella y llevarla de regreso a África como reina de su pueblo. Chikaba rechazó la oferta, pues solo quería desposarse con Cristo. Antes de morir, la marquesa de Mancera la liberó legalmente y le dejó una dote para que pudiera entrar en un convento. A pesar de su libertad y su dote, fue rechazada en múltiples conventos debido a su origen africano. Ninguna comunidad de Madrid quiso aceptarla. Tras una larga búsqueda, finalmente fue admitida en Salamanca, en el convento de Santa María Magdalena de la Penitencia. Pero incluso dentro del convento siguió sufriendo discriminación. No se le permitió vivir en igualdad con sus hermanas. No podía compartir el refectorio, el dormitorio ni el coro con el resto de las monjas. Se le asignaron las tareas más humildes, como lavar la ropa, barrer y cuidar enfermas. Sor Teresa lo aceptó todo con humildad y destacó en su comunidad por su fuerte vida espiritual. Oraba largas horas, tenía una profunda devoción a la Eucaristía y a la Virgen María, y muchos creían que poseía dones místicos. Se dice que tenía el don de curación y que varios enfermos fueron sanados con su intercesión.
Vivió con humildad hasta su muerte, el 6 de diciembre de 1748, a los 72 años. Su confesor, el padre Juan Carlos Paniagua, escribió una biografía sobre ella en la que la describía como ejemplo de santidad y modelo de virtud.