

| Monseñor Raúl Berzosa
Me preguntan que sentido tiene el Adviento y la Navidad y siempre digo que lo primero es la novedad. Navidad es novedad. Pocas novedades ha habido en la historia de la humanidad. La primera, lógicamente, la creación del mundo. La segunda, la Encarnación del hijo De Dios. La tercera, cada vez que un niño o una niña nace. Nosotros mismos somos una gran novedad, somos únicos. Y finalmente está la novedad de cada día en la Eucaristía.
¿Por que he comenzado diciendo que la Navidad en novedad? Porque siempre que vivimos el adviento y la Na
vidad no vivimos uno solo, vivimos cuatro al mismo tiempo. Lógicamente, la primera Navidad y el primer Adviento nos hablan de lo que refleja el cuadro de la Virgen de Alta Gracia.
Hace más de 2000 años todo un Dios se hizo carne de nuestra carne, tiempo de nuestro tiempo, sangre de nuestra sangre, tierra de nuestra tierra. Y esto es lo más importante. Si no hubiera sido por la encarnación del Hijo De Dios, todas las Navidades, todos los Advientos, no tendrían sentido.
Cada día en la Eucaristía nace Jesus, en el pan y en el vino, y se puede decir que toda la primera parte de la Eucaristía es una gran preparación a la Consagración, a la presencia de Cristo allí entre nosotros.
La historia de la humanidad desde que Cristo ha resucitado y ha ascendido a los cielos, aunque sigue presente entre nosotros, toda la historia de la humanidad es un Adviento, esperando la Navidad definitiva cuando El llegue y sea todo en todos.