Año 1928. Meseta de Jos. Nigeria. Una extraña cabeza de terracota es desenterrada mientras se trabaja en una mina. Sus rasgos no coinciden con nada visto hasta entonces. Sin saberlo, esos mineros acaban de devolver a la luz a la milenaria cultura Nok, la civilización más antigua del África subsahariana.
Descubrimiento
En torno a 1885, la compañía británica Royal Niger Company adquirió unas minas de estaño para su explotación en la zona de Nok, en el centro del país.
A lo largo de los años fueron apareciendo fragmentos de esculturas y, en 1928, emergió una pequeña cabeza de terracota a la que en su momento no se le otorgó la relevancia necesaria. En 1943 apareció una segunda cabeza de mayor tamaño. Su descubridor, un campesino, la utilizaba como espantapájaros hasta que un ingeniero de minas, alertado, se la mostró a Bernard Fagg, arqueólogo y administrador civil británico del Servicio Colonial Nigeriano. Fagg, que sabía de la existencia de la primera cabeza, reparó en la semejanza entre ambas piezas y, asombrado, comenzó a investigar las extrañas figuras.
No se equivocaba el arqueólogo y, según pasó el tiempo, fueron apareciendo más restos, que estudió y analizó, convirtiéndose en el principal especialista de la cultura Nok. A través de análisis de termoluminiscencia, rayos X y carbono 14, acotó estas obras entre los siglos V a.C. y V d.C. (las últimas estimaciones señalan el sigo IX a.C.).
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