

«Estar juntos no será una penitencia sino un refugio en medio de las tormentas. Que el hogar sea un lugar de acogida y de comprensión. Guarden en su corazón el consejo a los novios que expresé con las tres palabras: «permiso, gracias, perdón». Y cuando surja algún conflicto, «nunca terminar el día en familia sin hacer las paces»». En el día de la Sagrada Familia, el Papa ha querido escribir una carta abierta a los matrimonios de todo el mundo. Una carta llena de amor, apertura, cercanía y comprensión, también por «la ruptura de un matrimonio que venía sobrellevando una crisis que no se supo o no se pudo superar».
«La ruptura de una relación conyugal genera mucho sufrimiento debido a la decepción de tantas ilusiones; la falta de entendimiento provoca discusiones y heridas no fáciles de reparar. Tampoco a los hijos es posible ahorrarles el sufrimiento de ver que sus padres ya no están juntos. Aun así, no dejen de buscar ayuda para que los conflictos puedan superarse de alguna manera y no causen aún más dolor entre ustedes y a sus hijos«, escribe Francisco.
La carta a los esposos y esposas, con ocasión del Año ‘Familia Amoris Laetitia’, pero también con la mirada puesta en la pandemia, «que ha probado a todos, especialmente a los más vulnerables», y también a cada matrimonio, y cada familia, subraya cómo «hemos vivido más que nunca la incertidumbre, la soledad, la pérdida de seres queridos y nos hemos visto impulsados a salir de nuestras seguridades, de nuestros espacios de “control”, de nuestras propias maneras de hacer las cosas, de nuestras apetencias, para atender no sólo al bien de la propia familia, sino además al de la sociedad, que también depende de nuestros comportamientos personales».
Ese «miedo a lo desconocido» que implica «salir de nuestra tierra», como hizo la familia de Nazaret. «Pero desde nuestra fe cristiana sabemos que no estamos solos ya que Dios está en nosotros, con nosotros y entre nosotros: en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo o estudio, en la ciudad que habitamos». Y no sólo en el matrimonio: «ya el novizazgo -apunta Bergoglio- implica salir de la propia tierra, porque supone transitar juntos el camino que conduce al matrimonio».