

Son más valiosas que el oro. Constituyen la opción real de supervivencia ante una catástrofe humana o natural, lo que es común en el continente negro. Por eso las semillas de África tienen su espacio en el banco de semillas de Noruega. De su preservación depende el futuro agrícola de una región que conoce el impacto empobrecedor de las sequías y las hambrunas que le siguen.
La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, también conocida como el Banco Mundial de Semillas, almacena 1,2 millones de muestras de semillas, que representan miles de millones de semillas individuales de una amplia gama de cultivos y plantas silvestres de todas las regiones del mundo. Está diseñada para en caso de una catástrofe apocalíptica proteger y preservar para las generaciones futuras el suministro de alimentos. Desde hace 15 años, el ADN vegetal se almacena a -18 grados Celsius en el permafrost de la isla Spitsbergen.
Luego de recorrer miles de kilómetros, Mayowa Olubiyi, un científico vegetal de Nigeria, entrega un cargamento de cajas con semillas de caupí, sorgo y okra, alimentos básicos para millones de africanos; Graybill Munkombwe, de Zambia, entrega cajas de semillas del sur de África: sorgo, frijoles y arroz, material vegetal que los agricultores han estado utilizando durante generaciones, no sólo como alimento, sino también con fines medicinales y culturales.
En África existen numerosos bancos de semillas que desempeñan un papel crucial en la conservación de la biodiversidad y la seguridad alimentaria. Aunque no se dispone de una cifra exacta, se sabe que estos bancos de semillas comunitarios y regionales contribuyen significativamente a la preservación de especies locales y tradicionales, así como a la diversificación de los cultivos. Ayudan a los agricultores a enfrentar sequías, inundaciones y otros eventos climáticos extremos. Proporcionan especímenes de calidad y fomentan la resiliencia agrícola.
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