

El año que dejamos atrás ha sido, en términos de seguridad, uno de los más desafiantes de los últimos años en África. A amenazas constantes como los grupos terroristas instalados en el Sahel, Somalia o Mozambique, en 2023 asistimos al inicio de una guerra civil en Sudán y a la peligrosa escalada de tensiones entre Ruanda y República Democrática del Congo, todo ello en un contexto de paulatina retirada de las misiones de seguridad de la ONU y tropas francesas.
En los esfuerzos diplomáticos están puestas las pocas esperanzas para frenar un conflicto que en nueve meses ha causado ya 6,7 millones de desplazados y 18 millones de personas con inseguridad alimentaria, según la oficina de asuntos humanitarios de la ONU. En términos humanitarios, la guerra entre generales iniciada en abril de 2023 ha provocado ya una crisis de refugiados y además de amenazar con potenciar las crisis existentes en la región, los múltiples episodios de violencia étnica hace que podamos hablar de genocidio en regiones como Darfur.
Las negociaciones de Yeda, auspiciadas por EE.UU. y Arabia Saudí, no han conseguido frenar la guerra por el momento y lo máximo que han obtenido es el acuerdo para un encuentro personal entre el líder del Ejército y presidente, Abdelfatá Al Burhan, y el de la guerrilla de las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) y vicepresidente anterior, Mohamed Hamdan Dagalo, alias Hemedti, quien ha iniciado el año de gira por los países vecinos y ha alcanzado un acuerdo con las fuerzas civiles del exprimer ministro Abdalá Hamdok, abriendo la “tercera vía” a la resolución del conflicto.
El avance de las RSF desde el sur del país hacia Darfur en el oeste y el centro del país ha mostrado la vulnerabilidad de un Ejército que, de momento, se ha resuelto incapaz de mantener puntos clave como Nyala o Wad Madani y sigue perdiendo terreno, hasta el punto de cambiar la sede del gobierno a Port Sudan. El conflicto ha entrado en una nueva fase en la que todos los escenarios están abiertos, incluida una victoria militar de las RSF. Ahora bien, parece que la prolongación del conflicto es una de las posibilidades más factibles en detrimento de una salida negociada que sigue siendo, por antecedentes y ante el avance militar de una de las partes, una utopía.
En Somalia, las fuerzas de seguridad llevan más de un año en una guerra abierta contra el yihadismo de Al-Shabaab, pero en 2024 se enfrentan a un gran desafío ante el fin del mandato en el segundo semestre del año y la consecuente retirada de ATMIS , la misión de la Unión Africana en el país. Aunque Mogadiscio cuenta con el apoyo firme de Estados Unidos, que bajo la dirección de Joe Biden ha vuelto a desplegar soldados y prestar ayuda militar a Somalia, la salida de ATMIS amenaza con provocar un vacío de seguridad y frenar la lucha antiyihadista.
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