A mediados de la década de 1960, Gran Bretaña se encontraba en pleno proceso de desmantelamiento de su imperio. Pero en 1965, el mismo año en que renunció a Gambia y las Maldivas, también creó una nueva colonia. Durante las negociaciones con Mauricio sobre su independencia, Gran Bretaña se hizo con 58 islas remotas, conocidas como el archipiélago de Chagos. Se convirtieron en el Territorio Británico del Océano Índico (BIOT, por sus silgas en inglés). Entre 1968 y 1973 se expulsó a la población de las islas.
Detrás de estas decisiones estaba la guerra fría. Las islas Chagos, situadas a poca distancia del este de África, Oriente Medio y el sudeste asiático, eran un punto estratégico desde el que mantener una presencia en el océano Índico. Diego García, la más grande, fue cedida por los británicos al gobierno estadounidense para su uso como base militar. Tras los atentados terroristas del 11-S, Estados Unidos utilizó la base para lanzar ataques contra Afganistán e Irak; es probable que su importancia aumente a medida que se intensifique la competencia geopolítica de Estados Unidos con China.
En un principio, los habitantes de las islas fueron trasladados a Mauricio y las Seychelles, donde aún viven muchos de ellos. En 2002, Gran Bretaña concedió la ciudadanía a los nacidos en Chagos y a sus hijos; en 2022 se incluyó también a sus descendientes. Alrededor de 3.000 chagosianos viven ya en Crawley, cerca del aeropuerto londinense de Gatwick, al que llegaron los primeros emigrantes; las autoridades de la zona se preparan para la llegada de hasta 5.000 más ahora que se ha generalizado la oferta de ciudadanía. Pero Gran Bretaña ha negado reiteradamente su derecho a regresar a Chagos. Esta postura y la reclamación británica de las islas son cada vez más difíciles de mantener.
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