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Domingo de ramos en familia

PASION Y MUERTE DE JESUCRISTO

Me recuerdo de joven, el Domingo de Ramos, leyendo con mis hermanos en la fe, la Pasión y Muerte de Jesucristo. Tras escucharlo en misa, nos reuníamos para volver a leerlo y meditarlo, juntos descubrimos a un Dios humilde que se hizo hombre, aclamado en Jerusalén, lavando los pies a sus amigos, gozando del compartir el pan y el vino, y fiel en la oración en la soledad, aceptando, a pesar de todo, la voluntad del su Padre. Se sintió incomprendido, traicionado y humillado, sin embargo, descubrió el consuelo de esas mujeres que le limpiaron la cara, cargó con la cruz junto a un hombre con el que compartió el peso del madero. En la cruz nos enseñó el verdadero poder del perdón, y en el grito “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado” lo perdió todo hasta a su Dios, su padre, y sin embargo recuperó la confianza en El para demostrarnos que en el dolor puede nacer la esperanza. Ese es el sentir en nuestra familia, ser portadores de Esperanza en los barrios más humildes, en laS personas que sufren la distancia de sus países de origen y últimamente en el acompañamiento a aquellas personas que están en los últimos momentos de su vida.

Para nosotros el Domingo de Ramos es muy importante porque es el día que desde nuestra parroquia procesionan Jesús Cautivo y María Santísima de la Esperanza, imágenes que nos han marcado desde siempre. El Cautivo nos ha enseñado a reconocer a Jesús en quienes sufren injusticias, pobreza o persecución, una fe que nos ha llevado a poner en práctica el acompañamiento a aquellos que se sienten esclavos, cautivos, prisioneros de este mundo y La Esperanza nos ha enseñado a ser Esperanza para muchos, a ser portadores de la esperanza a aquellas personas que necesitan ver luz en la oscuridad.

Nuestras hijas saliendo de casa para ir a procesionar.

Desde muy pequeñas, nuestras hijas han procesionado como nazarenas cada Domingo de Ramos, aprendiendo que vivir la fe es estar al lado de quienes más lo necesitan y descubriendo que con Dios es posible tener una vida llena de gozo.

Zaida nos cuenta:

Desde pequeña he crecido escuchando los nombres de Cautivo y Esperanza. A ellos he rezado siempre y en ellos me he refugiado cuando todo parecía romperse.

El Domingo de Ramos, recuerdo a mi padre despertándome con marchas e incienso, y a mi madre cosiendo preparando mi túnica y ayudándome a vestirla desde los 8 años. Ahora me toca a mí vestir a mi hijo por primera vez este año…

No recuerdo mi vida sin una Semana Santa plena vestida de nazarena el Domingo de Ramos, rezando por tantas personas necesitadas que Dios me ha puesto delante, acompañando a Jesús Cautivo descalzo y humilde, que siempre está conmigo cuando me siento cautiva de

mis problemas, sé que Él me entiende. Y delante de la Virgen en su advocación de Esperanza que me sostiene cada día. Bajo su manto me refugié en este primer año de maternidad, cuando todo me sobrepasaba, y me dio la fuerza para seguir, a los que no puedo estar más agradecida.

Marta nos cuenta:

Para mí y para mi familia, la Semana Santa no es solo una tradición heredada, sino un sentimiento profundo que nos acompaña desde siempre. Es el tiempo en el que el corazón se llena de fe y las calles de nuestro pueblo se convierten en el lugar donde compartimos oración, esperanza y devoción con todos aquellos que se cruzan en nuestro camino.

La familia (de dcha. a izda.): Pepe, Marta, Anamari y Zaida ante el paso de La Esperanza.

El Domingo de Ramos y el Viernes Santo son, de manera especial, días muy señalados para nosotros, días en los que nos reunimos como familia para vivir juntos la fe, para caminar unidos y para llevar, entre incienso, silencio y oración, un mensaje de esperanza a cada rincón y a cada persona que lo necesite.

Porque la Semana Santa, proclamando la Pasión y Muerte de Jesucristo, más allá de las tradiciones, es también una forma de acercarnos unos a otros y de recordar que la fe compartida siempre ilumina el camino.

Toda la familia Leal Castejón.

(Esta familia ya comentó el evangelio del 1 de enero 2026, Santa María Madre de Dios)

 


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