Resumen ejecutivo
Desde la llamada crisis migratoria de 2015 varios gobiernos europeos han intensificado la presión sobre países africanos para reforzar controles fronterizos y aceptar personas deportadas, independientemente de si estas medidas favorecen su estabilidad interna. Aunque líderes europeos marcan distancia retórica con políticas como las de Donald Trump, en la práctica han adoptado estrategias similares de externalización, aceleración de deportaciones y condicionamiento diplomático. Sin embargo, la evidencia sugiere que este enfoque no reducirá la migración en el medio y largo plazo y puede, por el contrario, agravar los factores que la impulsan. Los países africanos deberían evitar acuerdos centrados exclusivamente en contención y retorno forzoso, exigir coherencia en derechos humanos y promover marcos de cooperación que incluyan movilidad regular, desarrollo sostenible y estabilidad institucional.
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