Misioneros : «No al rearme».
23 enero, 2026
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Comentario: La unión de los cristianos

DOMINGO 25 DE ENERO 2026

LA UNIÓN DE LOS CRISTIANOS

Todos los años del 18 al 25 de enero, coincidiendo con la fiesta de la conversión se S. Pablo, el Consejo Mundial de las Iglesias fundado oficialmente el 23 de agosto de 1948 en Ámsterdam (Países Bajos), nos invita a las 347 Iglesias que forman parte de él, a celebrar la Semana por la unidad de los cristianos. La finalidad es de tomar conciencia de la necesidad imperiosa de la unión de nuestras Iglesias.

El lema de la semana por la unidad, de este año es: “Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados” (Ef. 4,4-6).

Y es que esa unión de sus discípulos, es el deseo más profundo de Jesús, como lo muestra en su oración a su Padre, en vísperas de su muerte Jn 17,21-23, pidiéndole: “Que todos sean uno como tú Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste…” Y añade: “No solo ruego por ellos sino por los que han de creer en mí por medio de sus palabras” Jn17,20. ¡Este fue el testamento de Jesús!

Por eso, a división de los cristianos es un drama y un escándalo al que nos hemos acostumbrado. Cada año, durante una semana pedimos por esa unión, pero después, a menudo nos olvidamos, hasta el año siguiente…

Como Misionero de África, esta unión siempre me ha interpelado ya que, por vocación, me siento llamado, no solo a trabajar por a la unión de los cristianos, sino de todos los creyentes en Dios, musulmanes, fieles de religión tradicional y cristianos. Como nos dice S. Pablo en 2 Cor 18-19: “Dios envió a su hijo Jesús para reconciliar al mundo consigo mismo…”

En mis años, como Misionero de África en Malí, en las cinco parroquias en donde he trabajado durante 38 años, ese deseo del Padre y de Jesús, me ha guiado en la pastoral. Y lo he vivido como una necesidad intrínseca de la Misión, y no individualmente sino también con los equipos sacerdotales, de los que he formado parte; juntos, hemos inculcando a los catequistas y a los feligreses el respeto por las demás confesiones cristianas y no cristianas. Y además de mantener contacto con todos, procurar que todas las actividades de desarrollo que se realizaban en la parroquia, fueran iniciadas y llevadas teniendo en cuenta a los musulmanes y creyentes de la religión tradicional.

Recuerdo la hambruna que vivimos en Malí n el año 1973. En esas fechas me encontraba en la parroquia de Faladyè. En 1972 sufrimos una sequía enorme y previendo sus consecuencias, escribí una carta al Párroco de mi parroquia en Motril, D. Pedro Jiménez Olmedo. Éste la publicó en el periódico “IDEAL” de Granada y como fruto de ello se obtuvieron un millón y medio de pesetas, (una suma fabulosa en la época), que D. Pedro me envió y que yo entregué al arzobispo de Bamako para su gestión. Se compraron 200 toneladas de cereales, Cada semana, la diócesis nos enviaba dos camiones cargados de mijo y maíz para nuestra parroquia, situada a 80 Km de la capital. En la parroquia creamos equipos formados por cristianos, creyentes de religión tradicional y musulmanes (no había protestantes), para gestionar la ayuda en los 67 poblados de la parroquia, y saber quiénes quienes eran los necesitados. Fue un éxito que permitió ayudar a muchas personas sin distinción de religión. En los poblados en donde no había cristianos, sus habitantes creían que no iban a poder beneficiarse, y se encontraron con la grata sorpresa de que se les ayudó.

Cada semana íbamos a varios poblados, desde la primera hora de la tarde hasta la media mañana del día siguiente. Visitábamos a todas las familias, cristianas o no y hablábamos de las necesidades que tenía el pueblo, parar intentar buscar juntos una solución.

Actualmente me en encuentro en Madrid en nuestra residencia de la C/ Liebre. En estos días, me he preguntado ¿qué puedo hacer yo a mis casi 82 años para responder a los deseos de Jesús? Os comparto lo que el Espíritu me ha inspirado:

– Orar al Padre, unido a Jesús, en favor de la unión de todos.

– Sé que, con mi oración, yo no puedo conseguir la unión inmediata de todos los cristianos; Pero sí puedo hacer que esa unión se realice en mi corazón, si cada vez que oro, lo hago en comunión con todos los creyentes en Jesús y en Dios.

– Confiar a la Virgen María la división de sus hijos para que, como en las bodas de Caná, le diga a Jesús: “no tienen unión”, en vez de no tienen vino…

– Y vivir con la esperanza y certeza de que, en la casa del Padre, todos nos sentiremos unidos.

Pepe Morales, M. Afr


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