
Queridos amigos :
La Iglesia sinodal y la misión de hoy nos desafían a ensanchar nuestra tienda y a abrir de par en par nuestras puertas a una corriente de gracia que renueva el
espíritu misionero. Fruto de las últimas Asambleas Capitulares de los Misioneros de África (Padres Blancos) y de las Hermanas Misioneras de Nuestra Señora de África, ha surgido una llamada apremiante y esperanzadora: invitar de manera formal a los laicos que se sienten atraídos por nuestro carisma a ser parte activa de esta gran familia misionera. No se trata de una simple colaboración externa –eso ha sido frecuente en nuestro Instituto- sino de un compromiso formal para compartir una misma espiritualidad y misión en el mundo actual.
Este anhelo hunde sus raíces en la visión de nuestro fundador, el Cardenal Lavigerie. Ya en los inicios, el fundador comprendió que la misión no es tarea de unos pocos; por ello, impulsó iniciativas pioneras como la Asociación Santa Mónica en Argel — enfocada en la oración, la caridad y el apoyo mutuo— y los Auxiliares de la Misión, laicos que asumían un compromiso temporal al servicio de la evangelización. Hoy, esa semilla histórica florece en una nueva invitación que nos convoca a participar juntos en el apostolado con un verdadero espíritu de familia.
Pilares y estilo de vida: ¿Cómo vive un laico de la familia Lavigerie? Asociarse a esta iniciativa no es simplemente adherirse a una serie de actividades, sino abrazar un estilo de vida transformador que se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales, descritos por nuestra familia como «las cuatro patas de una mesa»:
Quien decide unirse a la Familia Lavigerie vive una espiritualidad contemplativa en la acción. Su fe se nutre diariamente de la oración con la Palabra de Dios (Lectio Divina), un sincero anhelo de santidad bautismal y la devoción a María, bajo el entrañable título de Nuestra Señora de África. Guiados por el discernimiento ignaciano, los laicos aprenden a releer sus jornadas diarias para descubrir dónde Dios ha estado presente, asumiendo con alegría la entrega generosa de la propia vida al servicio de los demás.
Es un camino exigente pero profundamente gratificante y de formación continua. Un itinerario espiritual de discernimiento que, tras un año de maduración, se sella con una Promesa Misionera de pertenencia formal a esta gran familia.
Es nuestro deseo avanzar juntos como Familia Lavigerie cultivando la estima recíproca, para caminar de la mano en un acompañamiento fraterno y corresponsable. Queremos que este proyecto sea una experiencia viva y comunitaria.
¿Sientes la invitación a compartir este carisma? Si eres una laica o laico comprometido, y sientes en tu corazón la inquietud de la misión al estilo de los misioneros y misioneras de África, según las intuiciones del Cardenal Lavigerie, te invitamos a sumarte a esta familia en crecimiento.
P. Manu Osa